En qué ando?

Este tipo de entradas se han vuelto recurrentes. Cuando me tardo algo de tiempo en escribir, me gusta dejar un registro de las cosas en las que estoy involucrado actualmente, pues (obviamente) son escenarios y estímulos importantes para mi ambiente personal de aprendizaje. La mayoría de ellas, como es de esperarse, tienen relación directa con mi trabajo actual con la Universidad EAFIT.  Así que aquí vamos:

  • Para la Fundación ExE, seguimos realizando el acompañamiento al desarrollo de la Red de Liderazgo Escolar.  Este es un proyecto difícil, pues se trata de expandir a un entorno en línea una experiencia presencial muy rica que se lleva a cabo con rectores de instituciones educativas, una población no sólo muy ocupada sino con habilidades tecnológicas que, en muchos casos, todavía son incipientes.  El proyecto ha sido una excusa para conocer a fondo la plataforma WordPress/Buddypress, y recordar que estamos trabajando con software que sigue en desarrollo, con las ventajas y desventajas que esto conlleva (en especial, que hay cosas que necesitamos para nuestro contexto específico y no existen, así que hay que desarrollarlas). También ha sido una oportunidad de profundizar en temas de experiencia de usuario, diseño de interacción, y de empezar a experimentar (de manera tímida todavía) con metodologías ágiles para la gestión de proyectos de desarrollo.  Esta Red ha significado, para mi, regresar de lleno a una faceta de desarrollo de software que hacía rato no vivía, y enfrentarme a procesos de coordinación que habían sido bastante escasos desde hace rato.
  • Con la Secretaría de Educación de Medellín, estamos en el diseño de una plataforma de acompañamiento para los procesos de orientación vocacional de jóvenes de grados 9, 10 y 11 de dos comunas de la ciudad. Este es un proyecto muy interesante, en donde he podido aprender un montón respecto a este tema, y en donde se ponen en juego múltiples áreas que, felizmente, no han sido ajenas a mi experiencia. Al mismo tiempo, es una responsabilidad enorme, pues algo curioso es la precariedad de estos procesos. Si hace 20 años uno se quejaba de que no tenía suficiente información para decidir, resulta que después de toda una revolución informacional seguimos en las mismas. Lo retador ha sido articular una propuesta que concibe a este problema desde una perspectiva informacional, pero articulada con aspectos psicológicos de identidad, capacidad y posibilidad.  Por lo pronto, de aquí ha surgido la idea del APA como un mapa de posibilidad, algo que no había visto antes.  Un entorno nuevo, muy retador y con muchas posibilidades por descubrir. ¿El pero del asunto? No hemos podido conseguir un ingeniero con experiencia en desarrollo en PHP, ojalá sobre Joomla/Jomsocial (la plataforma que tiene la Secretaría de Educación). Ese, de hecho, es un asunto que está empezando a volverse prominente: necesitamos más capacidad instalada en ciertas áreas.
  • En el Plan TESO (con el municipio de Itagüí), los retos siguen siendo enormes. Hay una labor permanente de equilibrio entre los resultados de corto plazo, propios del sector público (y de una noción de control político que suele concentrar la mirada en el hoy), y la visión y objetivos que el Plan se ha trazado.  Junto con Zavil Palacios, estamos en el diseño de un diplomado sobre Competencias del siglo 21, en donde el reto es lograr que docentes de todas las áreas diseñen experiencias de aula que integren de manera incremental algunas de las llamadas “competencias del siglo 21″ (nos estamos enfocando en autonomía, pensamiento crítico, creatividad, colaboración, comunicación y convivencia) y que, además, instalen un proceso sostenible en el tiempo. En pocas palabras, lo que todo proceso de formación espera (nada nuevo aquí).  Lo fascinante ha sido el rebote de ideas con Zavil, y el proceso de construcción y depuración del escenario en el que esperamos que ocurran cosas, alimentado por los EduCamp, por ArTIC y por la gran experiencia que Zavil tiene como docente. Aquí estará operando la plataforma tecnológica habitual desde ArTIC (sigo siendo terco en ese sentido, así pocas personas entiendan lo que hay detrás de ello), pero tendremos una intensidad presencial muy alta, que hace difícil (al menos en este momento) volver esta una experiencia abierta. Como en la época de los EduCamp, mi intención aquí es poner a prueba ideas, aprender un montón y luego explorar si es factible llevarlas a un entorno en línea.
  • También en el Plan TESO, sigo acompañando (no tan de cerca) el diseño de los procesos de formación del resto de docentes.  Aquí el reto es altamente complejo, pues se trata de diseñar una oferta articulada que atienda distintos niveles de habilidad y de interés, buscando una pertinencia que los programas de orden nacional con frecuencia no pueden atender. Hay mucho para decir en este sentido, pues a medida que pasa el tiempo es más clara para mi la abrumadora complejidad del entorno en el cual habitan los docentes, en donde lo tecnológico es un tema menor cuando se considera el panorama general de su labor. Y no son solamente percepciones. En un estudio que hicimos el año anterior (no publicado aún) sobre las necesidades de formación docente en el municipio, uno de los hallazgos más inesperados (al menos para mi) es que un tema de alto interés es la salud mental (tanto personal como de los estudiantes).  Indudablemente, hay mucho más por explorar aquí y con seguridad estos son asuntos que otros proyectos habrán indentificado.  Pero eso no reduce lo inquietante del mensaje. ¿Será que estamos tratando de atender asuntos de salud mental de fondo con tabletas (tanto tecnológicas como farmacéuticas)?
  • Por último, en TESO estoy asesorando los procesos de interacción docente.  Aquí estamos poniendo en marcha un consultorio (de diseño instruccional, digo yo) para algunos docentes del municipio, y organizando el tema de redes y comunidades en línea, especialmente retador dado el alto nivel de presencialidad (y el escaso tiempo) que una comunidad escolar tiene. La clave aquí sigue siendo el capitalizar cualquier escenario de construcción de red humana para extenderlo (en donde sea posible y tenga sentido) a un entorno en línea.

Lo anterior conforma, en general, lo que yo llamaría los proyectos de desarrollo en los que estoy involucrado.  La universidad tiene interés en consolidar un equipo de redes y comunidades, con fuerte foco en temas de aprendizaje en red, así que todos los anteriores son escenarios en donde ese equipo explora, aplica y experimenta con diseños de interacción (humana), para decantar y comunicar lecciones locales.  Desde mi perspectiva, hay otros escenarios igualmente importantes en la línea de los cMOOC (o mejor, como Howard Rheingold sugería hace poco, DOOC -Distributed Open Online Course/Community-), que tienen una orientación más fuerte hacia la formación en estos temas:

  • TRAL inicia su primera cohorte de 2014 la próxima semana.  Este sigue siendo un escenario muy rico, en el que me temo que no he llegado a involucrarme del modo en el que quisiera (estoy pensando en lo que pude hacer en su momento en ELRN, GRYC, DocTIC y ArTIC), así que esta será una nueva oportunidad para tratar de observar de manera juiciosa toda la riqueza que está involucrada en una experiencia de aprendizaje distribuido, incluso si no es ‘masiva’.  TRAL ha logrado convocar las voluntades de personas de diversos lugares de Ibeoramérica, y es un caldo de cultivo muy potente de ideas y reflexiones sobre el aprendizaje en red, así que es un desafío permanente sistematizar de mejor manera todo lo que va apareciendo en esta experiencia.  Debo decir que estimo muchísimo a TRAL por todo lo que ha ocasionado, así como por las insospechadas relaciones que ha hecho posible.  Hay un reto enorme aquí a nivel local, en todo caso, y es desarrollar capacidad para el diseño y facilitación de este tipo de formatos, así como construir un discurso más sólido respecto al aprendizaje en red.
  • Están en el tintero algunas otras posibilidades en la línea de TRAL, sobre las cuales es muy pronto para hablar. Si se concretan, sin duda serán igualmente estimulantes. :-)

Por último, las próximas semanas serán algo movidas en términos de presentaciones y participación en eventos:

  • El 22 de Abril a las 11:00CO estaré participando en un webinar organizado por Universia, sobre el tema de MOOC (el cual se resiste a salir de mi panorama (-: ).  Este webinar hace parte de las actividade previas al Encuentro de Rectores de Universia que ocurrirá a mitad de año en Rio de Janeiro.
  • El 23 de Abril a las 14:00CO tengo a mi cago una charla sobre “Aprendizaje en red” en la Universidad EAFIT. Coincidió justo con el inicio del primer nivel de TRAL. Feliz coincidencia!
  • El 25 de Abril estaré en un conversatorio en Parque Explora con Michel Bauwens, uno de los promotores más destacados de los temas de acceso abierto en el planeta. Una estupenda oportunidad. A michel lo conocí brevemente en Berlín, en el International Commons Conference a la que fui invitado en 2010.
  • Del 26 de Abril al 3 de Mayo estaré en Buenos Aires, en un nuevo encuentro del instituto IBERTIC de la OEI.  Tendremos conversatorios circulares (un experimento liderado por Vera Rex) y mesas de trabajo enfocadas en el tema de la evaluación en experiencias 1:1. Algunas cosas para decir a partir de la experiencia en el Plan TESO, y mucho para aprender de todos los invitados!
  • El 9 de Mayo, estaré en Bogotá en el foro “Desafíos de la Educación” organizado por CognosOnline. Tendré a mi cargo una presentación sobre ese tema, la cual todavía se está cocinando.  Ese mismo día, en la tarde, asistiré a la conferencia Educación + Innovación = Desarrollo, en la que presentaremos la experiencia de Proyecto 50 en la Universidad EAFIT.
  • el 30 de Mayo, posiblemente estaré hablando acerca de los aportes de la ingeniería de sistemas a la integración de TIC en la educación, por una amable invitación de la Universidad del Valle.

En paralelo a este montón de temas, he intentado mantener un ritmo juicioso de lectura, pues es claro que hay mucho sobre lo que necesito aprender y que hay múltiples conexiones que esperan ser exploradas:

  • Terminé I thought it was just me, de Brené Brown.  Es una obra de divulgación general de un estudio sobre la vergüenza (shame) y el impacto que tiene en nuestras vidas.  Si bien está más enfocado en la forma en la cual las mujeres viven esta situación, aplica perfectamente para la mayoría de nosotros.  La vergüenza, más que la culpa, se consolida como uno de los mecanismos de control social más peligrosos de nuestra sociedad, y Brown explora no sólo los relatos de diversas situaciones, sino que a partir de su estudio propone una serie de acciones útiles para identificar y cuestionar la vergüenza, mientras se desarrolla resiliencia frente a ella.  Es un libro muy revelador, muy interesante y que, sin caer en la auto-ayuda, está lleno de ideas valiosas para mejorar nuestras vidas y relaciones.  Todo que ver con los asuntos de orientación vocacional y con algunos elefantes que siguen presentes en los procesos de formación docente.
  • Terminé Where good ideas come from, de Steven Johnson. Es una recopilación muy entretenida de una serie de factores que, desde la perspectiva de Johnson, a lo largo de la historia han sido (y siguen siendo) esenciales para la generación de buenas ideas y, por ende, de aquello que llamamos innovación. Usando como hilo conductor el viaje de Darwin y la forma en la cual sus ideas terminaron expresadas en El Origen de las Especies, Johnson propone conceptos como el adyacente posible, redes líquidas, corazonadas lentas, serendipia, error, exaptación y la importancia de las plataformas como aspectos clave para la generación de buenas ideas.  Como es de esperarse, hay mucho tránsito entre la historia y el momento actual, pues Johnson es un gran defensor de la tecnología computacional como elemento transformador de la realidad.  Aquí hay una serie de ideas de fondo que, cuando se miran en conjunto con Make Space (de Scott Doorley y Scott Witthoft), adquieren una nueva dimensión en lo que a diseño del espacio se refiere. Muy pertinente para el diseño del diplomado.
  • Terminé Drive, de Daniel Pink. Otra obra de divulgación general, en la que se aborda lo que Pink llama Motivación 2.0 (lo de las versiones es puro hype… no termina de convencerme) y se explica por qué está dejando de funcionar en nuestros espacios coelctivos.  Este tipo de motivación, sencillamente, es la que llamamos motivación extrínseca.  Muy conductista, muy de premio y castigo.  Y que junto con lo instintivo conforman dos de los impulsos de la actividad humana.  Pink se concentra en explicar un tercer impulso (el de la motivación intrínseca) y lo caracteriza a través de tres elementos esenciales: el logro  de la autonomía (diferenciado en términos de tarea, tiempo, técnica y equipo), el desarrollo de la destreza y la búsqueda de propósito/sentido vital. El libro incluye, además de un simpático resumen de las ideas centrales (muy útil!), una discusión algo breve respecto a cómo estos asuntos pueden plantearse en espacios familiares y escolares, pues su foco son los espacios de trabajo/organizacionales.  Ideas muy provocadoras y útiles en el contexto de los temas de orientación vocacional.
  • También leí Farenheit 451, de Ray Bradbury.  Junto con Un mundo feliz y 1984, este podría ser el tercer miembro de una ‘trilogía distópica’ (si tal cosa existiera). Esta es ciencia ficción clásica, que como es frecuente en este género plantea un mundo que es una alegoría de nuestra realidad.  El asunto del lenguaje como herramienta de base para acercarse al mundo está tan presente aquí como en 1984, así como el escapismo del entretenimiento de Un mundo feliz, pero sin soma.  Como de costumbre, hay mucho para decir respecto a lo que esta trilogía representa para alguien que está dedicado al tema de la tecnología en el aprendizaje, pero baste con señalar un par de cosas: primera, podemos decir todo lo que queramos respecto a los lenguajes audiovisuales pero, si hemos de considerar lo que propone Orwell, es muy peligroso esta pretensión de sustituir un lenguaje (el textual) por otro. Lo audiovisual no puede ser una justificación de no lectura, pues el manejo de las palabras es igualmente importante para expresar nuestras ideas y para entender el mundo. Esto es algo que todavía estoy procesando. Segundo, como lo pondría Postman, tal vez Huxley tenía razón. Sólo que en lugar de una tableta de soma, nuestras tabletas tecnológicas (como símbolo tangible y personal de la industria del entretenimiento) son el mecanismo de evasión por excelencia, tanto para los adultos como para los más pequeños.  Si el niño está ‘poniendo problema’, tenemos una tableta que nos ayuda a ‘calmarlo’. Que no sea farmacéutica es algo temporal (pues ya vendrá la ritalina cuando haya un diagnóstico de ADHD).  Esto es algo que también estoy procesando, así que son zonas grises con ALTA posibilidad de error. Pero bastante inquietantes en el largo plazo.

Todo lo anterior se enlaza, por supuesto, con las cosas que estoy leyendo en este momento:  To save everything click here (de Evgeny Morozov), Interface design for learning (de Dorian Peters), Personal Kanban (Jim Benson) y Getting results the agile way (de J.D. Meier).  Más diversos papers y material relacionado con los proyectos específicos. Lo suficiente para tener un plato lleno.

En eso ando, entonces. Como de costumbre, en la búsqueda del equilibrio.  :)

Entendiendo los MOOC (y hasta pronto)…

En Mayo de 2013, Proyecto 50 me invitó a realizar una charla en un Seminario de investigación sobre el tema de MOOC. La charla fue grabada y publicada en Septiembre y, aunque la compartí en línea tan pronto estuvo disponible, nunca llegué a escribir algo al respecto. Aprovechando que mi disco duro decidió morir y tuve que reinstalar todo mi sistema operativo, decidí aprovechar el tiempo volviendo sobre borradores que tenía, bueno, en borrador.

La presentación fue para mí un ejercicio muy interesante, pues decidí hacer un recorrido por cada una de las palabras que componen el término MOOC: Curso Abierto Masivo en Línea. Así que regresé sobre los elementos que componen un curso típico (no en detalle, por supuesto) y luego exploré un poco cuáles de esos elementos suelen ser protagónicos en un curso en línea, pasando de allí al papel que juegan los CMS, los LMS y los objetos de aprendizaje en todo este panorama, desembocando en una provocadora idea de un artículo de David Wiley y Jon Mott que muestra que todos estos sistemas han reforzado una mirada fragmentada del proceso de aprendizaje. Desde mi perspectiva, el aspecto clave de estos sistemas es que siguen promoviendo redes centralizadas.

La tercera palabra es, para mi, la más importante de toda esta discusión: abierto. Es fundamental porque es la más olvidada (y maltratada) cuando se habla de MOOC. En esta sección de la presentación, viajé hacia los orígenes del concepto contemporáneo de abierto, pasando desde Stallman y Wiley hasta Lessig, y recordando las múltiples iniciativas que prepararon el terreno para la aparición de conceptos como Recursos Educativos Abiertos y, más recientemente, Prácticas Educativas Abiertas. Desde mi perspectiva, estos no son temas triviales. Por el contrario, reflejan una mirada del mundo (y de la educación) muy particular, que se queda por fuera cuando se entiende abierto como sinónimo de gratuito.

En la segunda parte de esta sección, aterrizo (inevitablemente) en las ideas de conectivismo de Stephen Y George quienes, siguiendo los pasos de David Wiley y Alec Couros, lideraron la realización de CCK08, el primer curso ABIERTO en línea que se volvió MASIVO. Durante la experiencia distribuida de CCK08, serían Dave Cormier y Bryan Alexander quienes inventarían el acrónimo MOOC, que tan popular terminaría siendo. No está de más decir que tuve la oportunidad de vivir esto de primera mano. Lo suficiente como para hacer mis primeros experimentos propios, con sabor muy local, en 2009. Mis primeros cursos abiertos no fueron masivos, pero sí me permitieron vivir de primera mano muchos de los retos y de las realidades de diseño e implementación involucradas en estas experiencias distribuidas. Aparecen aquí luego (como no) los fantásticos experimentos de Jim y Alan con ds106.

Y aquí se genera un rompimiento claro, pues se hace necesario empezar a hablar de MOOC conectivistas (cMOOC) en el momento en el que aparecen otros que poco tienen que ver con la filosofía de aprendizaje que dió origen a CCK08 y al término MOOC. La presentación continúa con una historia reconstruida a partir de la información disponible en medios, que cuenta la emergencia de Udacity, Coursera y edX, enfatizando en las diferencias de fondo que hay entre estos enfoques y los que datan de 2008. No está de más advertir que la presentación se refiere al panorama tal como estaba configurado en 2013, así que a estas alturas ya podemos decir que es un documento desactualizado. O mejor, que puede ser complementado con lo ocurrido en el último año.

Aquí está la grabación de la presentación:

Y aquí los slides correspondientes:

Como decía, es mucho lo que ha ocurrido en el último año. La experiencia que vivimos con TRAL, por ejemplo, y un inusitado interés por la palabra MOOC, acompañado por un sorprendente desconocimiento de su contexto e historia. Cuando miro hacia atrás, no puedo evitar notar la animosidad que hay en mi presentación, en donde hablo con algo de rabia acerca de la forma en la que el término fue secuestrado y, en buena medida, alterado. Una pelea perdida.

El interés local me llevó a estar como invitado, primero, en un panel regional organizado por ACOFI (la Asociación Colombiana de Facultades de Ingeniería) y, luego, en el Foro Mundial de Educación en Ingeniería, también organizado por ACOFI para la Federación Internacional de Sociedades de Educación en Ingeniería (IFEES). ¿La gran duda? Cómo hacemos para subirnos rápido al tren de los MOOC. Esta pregunta se avivó también por causa de eventos como el que fue organizado en Miami y en donde cada representante de una Universidad pagaba algunos miles de dólares por escuchar hablar acerca de cursos ABIERTOS. Ni hablar del contrasentido.

A lo largo del año pude escuchar en vivo en Denver a Daphne Koller (y sorprenderme con ello) y escuchar de primera mano relatos de docentes asistentes a agresivas reuniones de negocios en donde Coursera planteaba su visión, sugiriendo que el interés principal no es el pedagógico sino, como buen startup, el modelo de negocio que genere rentabilidad. También estuve en contacto con visiones menos comerciales y más académicas, como la de Jennifer de Boer, de MIT, quien hablaba principalmente de los resultados de algunas investigaciones realizadas sobre los primeros cursos ofrecidos por MITx y Harvardx.

Para completar, a lo largo de estos meses pude ver como la palabra MOOC se convirtió en el nuevo término de moda. Pude ver cómo todo tipo de personas (desde académicos hasta vendedores) encontraron en esa palabra una notable fuente de sustento y de visibilidad. Incluso cuando no tenían muy claro de qué estaban hablando. Hace unas semanas el término apareció de nuevo, por una consulta que terminó generando un post.

Pero no sólo eso, sino que me puso a reflexionar de nuevo. ¿Tiene sentido seguir tratando de que otros tengan mayor claridad respecto al espíritu que estaba detrás de esa palabra? Hoy lo veo como pelea perdida. Hoy, prefiero decir que lo que hago, y lo que quiero hacer, no son MOOC. Quiero seguir trabajando en experiencias de aprendizaje abierto, explorando prácticas educativas abiertas y buscando espacios para seguir promoviendo la reflexión sobre el aprendizaje personal y sobre el papel y potencial de apoyo al aprendizaje que tiene la tecnología de la que disponemos actualmente.

Hoy, prefiero decirle adiós a los MOOC. Que tengan una buena vida y, ojalá, que evolucionen hacia formas de aprendizaje menos centralizadas y más generativas. Sin duda seguiremos encontrándonos con ellos pero, mientras tanto, es hora de avanzar a nuevos experimentos, que nos ayuden a creer que otros mundos, menos corporativos, son posibles.

MOOC o no MOOC?

Hace unos días, Claudia Zea me pidió ayuda con algunas preguntas para un panel sobre MOOC al cual estaba invitada, así que terminé escribiendo algunas cosas de las que tiene sentido dejar registro aquí.

Para mi sigue siendo muy interesante observar el movimiento que este asunto sigue provocando y (debo decirlo) la persistente desinformación al respecto, que limita (desde mi perspectiva) la posibilidad de tomar decisiones sensatas y coherentes con el contexto local pero, sobre todo, que nos aleja de discusiones de fondo… También debo decir que he terminado por aceptar esta situación como algo que no puede ser cambiado. La percepción pública sobre los MOOC no será algo que cambie debido a la cantidad de material disponible sobre el tema desde antes de 2011, sino que dependerá de quién tenga el megáfono más grande. En un entorno de alta saturación informativa y de tiempo limitado para construir posiciones críticas, esto se está volviendo bastante frecuente. Los espejitos de colores siguen tan vivos como siempre. Pero esa es otra historia.

En fin, aquí están las preguntas y las respuestas que elaboré en un rato ‘libre’. Aunque hay cosas en las que uno podría (debería?) profundizar mucho más (como por ejemplo el rol de la formación docente en todo esto) y hay muchas ideas que necesitan explicarse mejor, este es un buen abrebocas de mi posición personal al respecto. Preferí publicar ideas en borrador, pues de lo contrario no voy a volver a escribir :):

Pregunta 1: ¿Cómo podría Colombia, como país en desarrollo, implementar estas nuevas metodologías de aprendizaje [MOOC] y garantizar el mismo tiempo acceso y calidad en la formación en Educación Superior?

El panorama de los MOOC no es diferente, en realidad, al de otros tipos de contenidos y materiales educativos pre-existentes. En ese sentido, ‘implementar’ significa en muchos casos simplemente usar (así como se usa un libro de texto en un curso convencional), pero con una importante diferencia: el acceso a los MOOC no está condicionado al acceso a una institución educativa. Como oferta de formación, los MOOC prometen una ampliación de acceso que es posible gracias a la gratuidad que caracteriza a muchos de los proveedores actuales. Por su parte, en términos de calidad, hasta el momento se define por contagio: corresponde al prestigio de la institución que crea el curso, no a características intrínsecas del producto (aunque esto es un aspecto en permanente evolución).

Ahora, sería equivocado presumir que el simple acceso a cursos de determinada calidad equivale a una experiencia completa de formación en Educación Superior. En este contexto, opciones como los MOOC podrían servir para nivelación en áreas básicas o estar articuladas con planes de estudio existentes, por ejemplo, combinando las ventajas de un modelo con las de otro. Aprovechando los puntos fuertes de estas opciones, pero en articulación con la oferta existente. Y contemplando discusiones acerca de validación, certificación, acompañamiento local, etc., necesarias para que tales modelos tengan un espacio real en el entorno institucional, que responda a los intereses de cada institución específica.

Es importante considerar, además, las habilidades requeridas para la participación exitosa en cursos como estos (que profundizan en lo que sabemos respecto a los cursos en línea ‘normales’ desde hace tiempo): alta auto-regulación de parte del estudiante, habilidades de uso de la tecnología que exceden lo social y, ante todo, una alta motivación intrínseca (esto sin mencionar, por supuesto, que buena parte de la oferta más interesante está en idioma inglés, lo que nos enfrenta a la brecha del idioma). Desde mi perspectiva, la pregunta de fondo sigue siendo cómo inspirar en los estudiantes el interés por lo que representa una formación en Educación Superior, más allá de los argumentos tradicionales que empiezan a estar cuestionados por las condiciones económicas planetarias. Esto es algo que la tecnología por sí sola o los MOOC no van a lograr, al menos en gran escala.

Por supuesto, un segundo aspecto de implementación corresponde al desarrollo de MOOC locales. Para ese caso, se vuelve muy importante analizar cuál es el sentido de producir y cuál puede ser el camino razonable para cada institución. Para algunas, un MOOC puede ser una vitrina parcial de su oferta formativa, con la intención de que el estudiante potencial experimente el estilo de trabajo de la institución antes de inscribirse. Para otras, puede ser parte de su portafolio de responsabilidad social. Para otras más, una alternativa para resolver problemas de nivelación específicos de sus poblaciones estudiantiles. En cualquier caso, la evaluación del beneficio obtenido frente al costo del desarrollo de un MOOC (según los formatos instruccionales que adquirieron alta visibilidad durante 2013) es indispensable a la hora de decidir cómo abordar el tema. Esto es, si se trata de hacerlo de manera responsable, pues de unos meses para acá muchas organizaciones con contenidos publicados en muy diversas plataformas han decidido que eran pioneras en el tema de los MOOC y no lo sabían (ajá). No importa que la O de Open (abierto) esté de por medio.

Con eso dicho, desde mi perspectiva veo una advertencia a la hora de pensar en este tema, casi obvia pero importante: Una plataforma tecnológica específica no es suficiente para “subirse al bus” de los MOOC. Hay personas y empresas ofreciendo servicios de instalación de plataformas tecnológicas de soporte a los MOOC que de poco sirven si la institución no cuenta con una estrategia clara frente al tema. Es importante un análisis de los motivos, las posibilidades y las implicaciones (buenas y malas) que estos temas tienen para la institución, que sirva de marco a sus decisiones estratégicas al respecto. Esto tendría que ser una trivialidad pues venimos hablando de ello por casi décadas, pero igual sigue ocurriendo.

Pregunta 2: ¿Es cierto que las nuevas metodologías de enseñanza como los MOOCs, se han convertido en un modelo innovador de enseñanza y aprendizaje que podría potencialmente debilitar o remplazar las metodologías de enseñanza y aprendizaje convencionales?

Depende qué se entiende como “modelo innovador”. Las plataformas de MOOC, en general, refuerzan una lógica educativa muy cercana a la clase magistral convencional, en donde el aprendiz escucha a un experto y luego contesta preguntas acerca de lo que el experto dijo. En este sentido, la pregunta abre una discusión crucial: se trata de buscar nuevas metodologías de enseñanza, o nuevas metodologías de aprendizaje? Una cosa no excluye a la otra, pero el énfasis que se pone define esfuerzos y se refleja en la tecnología utilizada.

En todo caso, hablar de “debilitar o reemplazar” tiene sentido sólo si el impacto en términos de acceso es alto. Incluso en Estados Unidos, este tema de los MOOC está perdiendo impulso (esto es, está llegando a un punto estable) y, de hecho, algunos de los proveedores más grandes están empezando a plantear estrategias de negocio que los convierten progresivamente en poco más que un proveedor de contenido adicional a los tradicionales.

No está de más recordar que iniciativas como edX tienen un foco mayor en la realización de investigación sobre los resultados del uso de los MOOC, con lo cual en el mediano plazo podrían aparecer hallazgos interesantes respecto a la efectividad de diversos esquemas instruccionales. Aún así, es aventurado e incluso alarmista hablar de un eventual reemplazo de una cosa por otra. No está de más decir, en todo caso, que esta puede ser una buena excusa para volver a discusiones de fondo que no terminan de estar resueltas: ¿Por qué tenemos las metodologías que tenemos? ¿Cuáles conviene conservar y cuáles necesitan actualización?

Pregunta 3: ¿Cuáles son los retos del sistema educativo Colombiano, ante la implementación de estos nuevos modelos educativos?

Desde mi perspectiva, el enorme reto para las instituciones es no sucumbir a la presión del mercadeo y de las empresas que están detrás de estas iniciativas. Es un reto acercarse a estas oportunidades emergentes de manera calculada, y aprovecharlas para retomar discusiones de fondo respecto al papel de las instituciones educativas en la sociedad actual (como escenarios de formación, entes certificadores, garantes del comportamiento profesional y ético de sus egresados, etc.).

Ahora bien, la autonomía institucional hará que aparezcan multitud de ofertas de todo tipo, tal como está ocurriendo en otros lugares. Organizaciones con todo tipo de cursos (buenos y malos) montados en muy diversas plataformas tecnológicas, han empezado a llamar a sus productos “MOOC”, con frecuencia aprovechando este término de moda para ‘reencauchar’ sus ofertas, pero sin ofrecer algo nuevo desde el punto de vista del aprendizaje. Esta situación implica, para quienes trabajan en este tema, una responsabilidad enorme: tanto grupos de investigación como encargados de decisiones (institucionales y políticas) necesitan profundizar en los orígenes, sentido y efectos de estas tendencias emergentes.

Desde los gestores de política, esta comprensión puede llevar (ojalá) a una claridad respecto a los efectos que la provisión descentralizada de ofertas formativas tiene en el entorno, y (ojalá) a una definición de reglas del juego (en áreas como la certificación, por ejemplo), que abra nuevas posibilidades de acceso y reconocimiento a la vasta mayoría de la población que está por fuera del sistema de educación superior.

Pregunta 4: ¿Cuáles estrategias pedagógicas innovadoras están desarrollando actualmente las instituciones de educación en Colombia (intercambio de estudiantes, aprendizaje online y a distancia, nuevos modelos de enseñanza) para enfrentar los retos de las nuevas tendencias educativas en el mundo?

Desde mi experiencia personal, no puedo dejar de mencionar que el curso Grupos, Redes y Comunidades (GRYC) de 2010 fue una de las primeras experiencias cMOOC (MOOC conectivistas) en realizarse en América Latina. Esa línea tiene continuidad con el taller TRAL (Tejiendo Redes de Aprendizaje en Línea) que propone una experiencia de aprendizaje distribuida en donde cada participante contribuye desde su espacio personal en la red y en donde no existe una única plataforma centralizada en la que ‘ocurren’ las cosas. La distribución construye autonomía y busca que cada aprendiz descubra, desde la vivencia práctica, las implicaciones de gestionar una presencia en línea. Estas han sido experiencias abiertas en las que cualquier persona puede participar, pero que ocurren en el marco de programas formales, generando una interacción enriquecida entre participantes con intereses y motivaciones muy diversas.

Insisto en que este tipo de experiencias son ejercicios experimentales que ponen a prueba otras formas de aprender con el uso de la tecnología. Si bien de aquí se desprenden nuevos roles que el docente asume, el punto de partida de las reflexiones es la pregunta respecto a qué implica aprender con apoyo de la tecnología en este momento histórico.

Pregunta 5: ¿De qué forma estas estrategias están transformando la educación? ¿Cuáles son las consecuencias en términos de acceso, inclusión y calidad de la educación que se provée? [sic]

Como mencionaba arriba, la ampliación del acceso sigue siendo una promesa potencial, pues las habilidades de entrada a ofertas como los MOOC siguen siendo altas y limitadas a sectores de la población que ya tienen un nivel alto de formación. Las estadísticas de acceso a MOOC son reveladoras en ese sentido. Quienes más se inscriben en cursos MOOC y los completan, son profesionales en busca de actualización puntual. Si bien esta es una oportunidad importante para países como Colombia (para la actualización de sus docentes universitarios, por ejemplo), el impacto que esta oferta está teniendo en los niveles de pregrado o de secundaria todavía es marginal. En este sentido, algunos comentaristas llaman la atención respecto a que escenarios como los MOOC pueden conllevar, a la larga (y paradójicamente), a la profundización de brechas existentes, debido a que concentran oportunidades en poblaciones que ya tienen un alto nivel educativo.

En cuanto a la calidad, es una discusión que sigue dependiendo del enfoque que se utilice. Desde mi perspectiva, cuando estamos frente a un entorno tecnológico con información abundante proveniente de fuentes de todo tipo, en donde un individuo puede operar en una escala global sin la necesidad de un título profesional, es indispensable preguntarse (de nuevo) qué es calidad educativa, y cuál es el papel que las organizaciones tradicionales (tanto instituciones como organismos regulatorios) juegan frente a ella. Estos son cambios y discusiones que no ocurrirán dentro de poco, pero que es importante empezar a abordar.

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Y eso es todo de momento. Mucho por ampliar y mucho por procesar en un río realmente revuelto, en el que ciertos pescadores (tanto comerciales como académicos) obtienen insospechadas ganancias. A veces, a costa de un futuro (posible) que se nos escapa sin que nos demos cuenta.

Sobre portafolios digitales (ePortafolios)…

Desde hace tiempo tengo en la cabeza poner en blanco y negro (o al menos en escala de grises) algunas ideas sobre el tema de portafolios electrónicos. Hacía días me había encontrado un post de Stephen donde habla al respecto, en el cual hay un enlace a un documento de Helen Barrett que esquematiza de manera muy clara dos posibles usos para un portafolio. Lo compartí en Twitter y, al parecer, despertó interés entre varias personas.

Resulta que el documento de Helen incluye un esquema muy interesante que tiene una traducción al español. Sin embargo, encontré que en esa traducción faltan algunas cosas que están en el diagrama original, así que decidí hacer mi propia traducción, siendo lo más fiel posible al original (tanto en contenido como en forma). Este es el diagrama (ya se lo envié a Helen para que, si lo desea, lo actualice):

Balanceando las dos caras de los ePortafolios

Entre las cosas importantes del diagrama está la identificación del papel que el portafolio cumple como apoyo al proceso de aprendizaje y como vitrina de los productos que lo evidencian, así como la forma en la que estos dos usos responden a procesos de reflexión diferentes: uno más inmediato y uno más retrospectivo. Uno que está asociado a una evaluación formativa (no tan frecuente) y otro a una evaluación sumativa (la más habitual).

Ponerlo en términos de procesos tiene como ventaja que la discusión no se centra en una tecnología específica. De hecho, como lo sugiere el diagrama, un blog puede ser suficiente para soportar la construcción de un portafolio. Lo que me lleva al centro de esta entrada pues, al menos en mi experiencia reciente, pareciera que este tema suele estar muy enfocado en una palabra: Mahara.

Tengo que admitir que, después de varios años de tratar de ver el mundo en términos de distribución (en lugar de centralización), me cuesta trabajo pensar en que un sistema centralizado (sea un LMS o un sistema de portafolios) sea la mejor opción para apoyar procesos de aprendizaje personal (no personalizado) enfocados en el desarrollo de la autonomía. Claramente, pueden ser más cómodos desde una perspectiva institucional, pero limitan enormemente el desarrollo de las habilidades de gestión de la información personal y de la presencia en línea, cada vez más importantes en un momento en el que los intereses corporativos están dando cierre a una etapa de alta expectativa, mucha esperanza y, diría yo, incluso de ingenuidad.

Por eso, en sintonía con lo que menciona Stephen, desde hace rato veo con mucho interés A domain of one’s own, el proyecto de la Universidad de Mary Washington liderado por Jim Groom, que busca poner en juego las ideas de ciberinfraestructura personal de Gardner Campbell y desarrollar en docentes y estudiantes capacidad para gestionar su presencia en línea y su información personal, en donde el blog auto-alojado, independiente de proveedores de servicio específicos, tiene un papel protagónico.

Detrás de esto hay toda una discusión respecto al papel de las instituciones educativas (como para variar). En un entorno de escasa disponibilidad tecnológica, es justificable que la institución provea servicios centralizados. Tal como ocurrió con el correo electrónico en los 90s. Pero cuando el entorno cambia de manera tan radical como lo ha hecho en los últimos años, se hace indispensable revisar el papel que juega (o podría jugar) la institución educativa frente a estos temas, considerando la misión formativa que define su naturaleza.

Así las cosas, la discusión no puede estar limitada a la conveniencia institucional de los sistemas centralizados (en términos de seguridad, integración y control, por ejemplo, para no mencionar la obsesión con el Big Data sobre la que advierte Barbara Bray), sino que debería incluir un análisis de los efectos (positivos y negativos) de usar una configuración tecnológica determinada en la capacidad de los estudiantes (y docentes) para responder con criterio al escenario actual, saturado de empresas que crean sus fortunas con los datos personales que (a veces sin saberlo) compartimos todo el tiempo.

Por eso no termina de convencerme Mahara. No por sus características técnicas, sino porque es posible usar otro tipo de herramientas para este fin (como un blog, otra vez), y al usarlas estamos contribuyendo a desarrollar (ojalá) ciertas habilidades que todavía no vemos como urgentes pero que son decisivas (desde mi perspectiva) para ejercer una verdadera ciudadanía global.

Así que si usted quiere organizar su propio portafolio (o promover en sus estudiantes su uso), anímese a empezar por un diario de aprendizaje, y luego piense en cómo puede visibilizar/articular ciertas zonas de él para hacer visibles sus productos de aprendizaje. Eso lo puede hacer con un blog (y aquí es inevitable recomendar WordPress). No se necesita más.

Lo anterior complementa, obviamente, mis razones para usar un blog. Como de costumbre, son argumentos en permanente evolución.

redescubriendo el mundo, una idea a la vez