Otra media hora…

ADVERTENCIA: Si es su primera vez por aquí, no olvide que al igual que cualquier persona, puedo estar equivocado. Consuma con precaución. 🙂

Hace 10 días me propuse destinar media hora máximo para volver a escribir, cuando tuviera la oportunidad de hacerlo. 10 días después, he descubierto cuán complicado me resulta encontrar media hora fija (e incluso libre), lo cual es bastante significativo.

Al menos, el ejercicio me ha ayudado a ser un poco más consciente respecto a las múltiples fuentes que demandan mi atención y mi tiempo. Tanto lo laboral como lo familiar y, por supuesto, mi inevitable necesidad de espacio personal están en competencia permanente, y a veces hacen difícil mantener el ritmo de aprendizaje (o al menos, de consumo de información) que tenía en otra época.

Lo cual no es malo per se. Por el contrario, me ha vuelto un poco más selectivo frente a las cosas que constituyen mi dieta cognitiva. O resignado frente al hecho de no poder leer todo lo que quisiera.

Pero estoy divagando. Lo cierto es que, si efectivamente el tiempo es un factor tan escaso, no tengo más remedio que ser creativo para retomar ese importante proceso de reflexión y registro , pues la memoria es frágil y, como dicen algunos, si no se bloguea ni se hizo ni se recuerda.

La razón por la que este post parece tan errático, es porque estoy usándolo como excusa para “aprender” a usar otros dispositivos. Lo poco que he escrito lo he hecho usando dos aplicaciones distintas en un tablet sin teclado externo. Intenté con el teclado normal (no muy buena sensibilidad con los pulgares, pero la predicción de texto es bastante buena), luego con swype (un poco mejor, pero algo extraño para escribir de corrido.. demasiado espacio recorrido por tecla obtenida), luego con reconocimiento de voz (esa sí que es un área por desarrollar) e incluso con un lápiz que trae esta tableta (una Samsung Note que muy amablemente me prestó Tatiana para el viaje, pues me he negado a comprar nueva tecnología). El lápiz logra un reconocimiento de escritura a mano alzada bastante bueno pero (nada es perfecto), la interfaz en SNote es bastante errática, con lo que uno pasa más tiempo corrigiendo detalles que escribiendo.

Así que, bueno, estoy dejando que mis dedos aprendan con paciencia en dónde están las teclas, acostumbrándome a ‘pulsar’ la espaciadora con un dedo diferente al pulgar y, en fin, habituándome poco a poco a un nuevo dispositivo… Con eso, llevo en total mucho más de media hora escribiendo estas líneas. Inicié en el vuelo, seguí un rato en el bar del hotel y continúo de nuevo en el aeropuerto,con U2 de fondo (Still haven’t found what I’m looking for), descubriendo que el paso de un idioma a otro no es el fuerte de la predicción de texto.. Vamos a ver qué otra cosa viene a la mente antes de que tenga una conexión disponible para publicar.

De camino a seguridad, me encontré con el oratorio del aeropuerto. Llamó mi atención que no dijera ‘Capilla’, como suele ser en Latinoamérica. La razón es que, efectivamente, no se trata de una capilla sino de una zona de oración que pone a una mini-mezquita frente a un oratorio cristiano (no católico exclusivamente). La diferencia más sobresaliente: bancos de mármol para un oratorio que, además de algunos folletos evangélicos no tiene ninguna señal religiosa visible, mientras que la mezquita cuenta con una única alfombra y una especie de podio en una esquina. La similitud más llamativa: ambos lugares estaban desiertos, con excepción de una persona durmiendo en la alfombra de la mezquita (a modo de sala VIP, digo yo). Aunque no soy una persona especialmente religiosa, estas cosas no dejan de llamar mi atención. No deja de ser diciente que los centros comerciales sean los lugares en los que ahora se llevan a cabo muchas misas dominicales: es lo mismo, las zonas de tránsito y consumo se adaptan para dar algún espacio a lo religioso. A pesar de que muchos afirmen que la ciencia es la religión contemporánea, lo cierto es que tan sólo ver el tamaño de los edificios es suficiente para entender que no es así: la religión de nuestra sociedad es el comercio y el consumo.

Aunque otra forma de verlo, por supuesto, es que simplemente son los mecanismos más efectivos que tiene el technium para mantener su nivel de crecimiento y evolución. Depende de cómo se mire. En una sociedad tan compleja, las múltiples causas y efectos se vuelven casi imposibles de mapear. Nuff’ said. Hora de embarcar nuevamente.

Sobre el autor

Soy Diego Leal . Quiero entender cómo funciona el mundo y ayudar a otros a hacerlo. Para ello trabajo en el diseño e implementación de experiencias de aprendizaje en red con uso de tecnología, que nos den pistas sobre cómo podemos aprovechar el potencial de los recursos con los que contamos para mejorar nuestro entorno. Me sorprende lo poco que sabemos y lo mucho que creemos saber.

©2017 Diego E. Leal Fonseca. Partes de este sitio están disponibles bajo licencia Creative Commons BY-NC-SA

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