Introducción al conocimiento conectivo: Prominencia e inferencia

Nueva sección de mi traducción de An introduction to connective knowledge de Stephen Downes, esta vez sobre prominencia e inferencia.   Vamos al grano:

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Una introducción al Conocimiento Conectivo

por Stephen Downes (traducción: Diego Leal)

a. Tipos de conocimiento

b. Interpretación

c. Emergencia

d. Fisicalidad

e. Prominencia[1] e inferencia

Nuestro conocimiento consiste de interpretaciones de percepciones, que son en sí mismas distintas de cualquier realidad física que pueda haberlas causado. En este sentido, se podría decir que estas interpretaciones son ‘construidas’ – es decir, que son el resultado de un proceso mental o cognitivo, en lugar de algo que nos llega ya ensamblado.

La inferencia es, a grandes rasgos, la manipulación de estos pedacitos de conocimiento, en abstracto, para producir nuevos pedacitos de conocimiento. En nuestra mente, por ejemplo, podemos postular que si una luz roja se añade a una luz amarilla, el resultado será una luz naranja. O que dos ovejas añadidas a dos ovejas resultarán en cuatro ovejas. A menudo, las percepciones posteriores confirman tales predicciones, lo que nos lleva a confiar aún más en las manipulaciones que las produjeron (y mucho menos en manipulaciones que no lo hicieron, aunque la mente humana es notoriamente voluble en este sentido).

Todas estas inferencias, sin embargo, son el resultado de un complejo proceso de seleccionar lo que podríamos llamar los datos más “prominentes”. El conteo de las ovejas, por ejemplo, es de utilidad sólo para las personas que poseen ovejas (o están leyendo artículos de filosofía). Normalmente, durante el curso de nuestra vida cotidiana, tenemos poca necesidad de contar ovejas, y por lo tanto la mayor parte de nosotros ignoramos el número real de ovejas presentes en un momento dado. De manera similar, cuando percibimos una luz naranja, por lo general no la vemos como una confirmación de la idea que el rojo y el amarillo componen el naranja. A menos que seamos artistas visuales, lo vemos simplemente como una instancia de “naranja”.

Nuestras inferencias, por lo tanto, se basan en la prominencia, donde la prominencia puede ser pensada como la importancia, relevancia o vivacidad de alguna propiedad o percepción.  Nosotros ‘seleccionamos’ esas percepciones que nos serán de utilidad e ignoramos las demás. Con frecuencia, este no es ni siquiera un proceso consciente y se basa, en parte, en reacciones innatas (como saltar cuando escuchamos un sonido fuerte) y en gran medida en expectativas previas. Nuestro conocimiento previo nos ha llevado a reconocer que algo que se ve y suena como un tigre es algo a lo que debemos prestar atención, por lo que nuestro motor de inferencia se pone a toda marcha.

Del mismo modo, algunas conexiones son más prominentes que otras. Piense en su sentido de lugar o ubicación.  Está centrado en la ciudad o pueblo en el que usted se encuentra, con las calles extendiéndose a partir de usted en un patrón único según su posición. Cambie su ubicación, y su mapa del mundo cambia con ella. Wal-Mart, que antes estaba a “dos cuadras de distancia”, está ahora a “una cuadra de distancia”. O considere a su círculo de amigos: una vez más, usted está en el centro, con sus colaboradores más cercanos en proximidad cercana, con sus conocidos a mayor distancia. Su amigo, sin embargo, identificará a un conjunto diferente de personas como los más próximos y a otros, incluyendo algunos que están más cerca de usted, como más distantes.

Las cosas se vuelven aún más complejas cuando se considera la mente. Sabemos que la mente es un conjunto masivo de neuronas conectadas, pero ¿en dónde está el punto de vista desde el que consideramos estas conexiones? Si bien podemos considerar el punto de vista global en abstracto, y hablar desapasionadamente sobre el hipocampo o el cuerpo calloso, no podemos adoptar tal marco de referencia con respecto a nuestro propio pensamiento. No obstante, parece evidente que hay un punto de vista con el cual consideramos a nuestra propia mente. Es la esencia del pensamiento consciente que estamos conscientes de nuestros procesos mentales al mismo tiempo que los estamos teniendo.

Una vez más, lo que es más prominente es lo que sale a primer plano aquí. Usted puede tener representaciones mentales de cientos o incluso miles de personas pero, si está enamorado, estar pensando sólo en una. Su cuerpo se compone de millones de terminaciones nerviosas, pero si usted tiene un dolor de dientes, su atención se centra sólo en aquellos relacionados con el diente. De manera similar, sólo los pensamientos más activos y consistentes se entrometen en su conciencia, y es a través de la lente de esos pensamientos que usted interpreta los fenómenos (y es a través de los fenómenos que usted tiene esos pensamientos).

La inferencia es la observación de las similitudes prominentes entre pensamientos y percepciones. Es el reconocimiento de las propiedades comunes – cualidades, cantidades y conexiones – entre percepciones diversas, y la elaboración consiguiente de conexiones entre esas entidades y entre otras propiedades de las entidades. Al ver que dos ovejas y dos ovejas son cuatro ovejas, usted es llevado (a través de la prominencia de la cantidad y la recién descubierta prominencia de las vacas) a contemplar la idea que dos vacas y dos vacas podrían ser cuatro vacas.

Notas y referencias

[1] Salience en el original (N. del T.)

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Algo positivo de las traducciones, en términos de aprendizaje, es que al buscar el mejor sentido para una palabra o una frase uno se obliga a comprender mejor las ideas que están en juego.  Eso me pasó con “prominencia” (pasé por saliencia, notabilidad e importancia antes de encontrar la palabra que, creo, es la más adecuada).

Del fragmento me gusta lo relacionado con la inferencia, pues me recuerda el enorme poder que este mecanismo tiene. Es gracias a la inferencia que podemos decir que dos mil ovejas más mil ovejas son tres mil ovejas, incluso si nunca llegamos a ver tal cantidad de ovejas (o de vacas) juntas. Lo interesante es que llega un punto en donde, aunque la inferencia sigue operando, perdemos de vista la verdadera dimensión de las cosas.  Pienso, por ejemplo, en las altas cantidades de dinero relacionadas con la crisis económica, y en la utilidad de la visualización como apoyo para entender qué es lo que está en juego.

Por otro lado, la inferencia puede llevarnos a conclusiones erróneas, incluso cuando se supone que hemos aprendido acerca de ciertos fenómenos específicos.  Un buen ejemplo de esto es A private universe, un documental corto que explora las razones por las cuales estudiantes recién graduados de Harvard no pueden explicar de manera correcta por qué tenemos estaciones y fases lunares.  El punto aquí es que la inferencia nos puede llevar a conclusiones erróneas, incluso cuando hemos ‘aprendido’ las respuestas correctas.

Como el fragmento construye sobre los fragmentos anteriores, nos enfrentamos a una dificultad con la prominencia: aquello que reconocemos como prominente es aquello que estamos preparados para ver.  Para ponerlo de manera cruda, no vemos lo que queremos sino lo que podemos ver (y podría argumentarse lo mismo con respecto a nuestras acciones, me temo).  Por supuesto, esto no significa que con el tiempo no pueda desarrollarse una mirada más sofisticada que permita reconocer nuevas prominencias.

Algo muy interesante, por supuesto, es dónde se encuentra el yo que a veces (o con mucha frecuencia, en mi caso personal) observa los fenómenos mentales.  Sin duda es difícil pensar al respecto…

En cualquier caso, no deja de sorprenderme que, con las enormes limitaciones que tenemos en todo sentido, en conjunto hayamos llegado a donde lo hemos hecho.  Es simplemente asombroso.

Sobre el autor

Soy Diego Leal . Mi propósito es ayudar a individuos y organizaciones educativas a descubrir un sentido de posibilidad frente al futuro, por medio de experiencias de aprendizaje innovadoras y memorables. Me sorprende lo poco que sabemos y lo mucho que creemos saber.




2 Comments

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  1. Jennifer Silva 13 años ago

    Cuando leí la traducción de esta sección, y luego tus reflexiones al respecto, algunas inferencias fueron surgiendo (obviamente, a partir de lo que me resultó prominente).

    ¿Hasta dónde lo que nos gusta deriva de lo que nos resulta prominente? Si no fuera así, pienso que no podríamos percibirlo, y por ende, no podríamos emitir el juicio “me gusta”. Fíjate cómo lo que manifiestas que te gusta (“Del fragmento me gusta lo relacionado con la inferencia…”) se relaciona directamente con tus conocimientos previos (“…pues me recuerda el enorme poder que este mecanismo tiene.”).
    Quizá la secuencia podría ser la siguiente:
    -De la masa de información que nos llega, seleccionamos (por este principio de prominencia) partes que somos capaces de percibir en tanto están conectadas de alguna manera con lo que ya conocemos.
    -De las partes que percibimos, inferiremos algunas ideas que nos gustarán y otras con las que no tendremos afinidad (aunque las comprendamos).
    ¿Hasta dónde las ideas que nos gustan nos gustan porque son compatibles con las conexiones cognitivas que nos definen, porque las fortalecen y las explican?
    ¿Hasta dónde llega el placer por lo repetido? (Recuerdo canciones que solo me gustaron después de haberlas escuchado repetidas veces.)
    ¿Hasta dónde somos capaces de valorar y aprender lo que no nos gusta o lo que lleva el riesgo intrínseco de romper la coherencia de los conocimientos y pensamientos que nos organizan? (Recuerdo la conmoción que me generó la lectura de” A Paixão segundo G.H.” de Clarice Lispector por la forma en que me desestructuró.)

    Siguiendo mi línea de pensamiento, pasé luego a considerar las implicancias que esto tendría (de ser así) en los procesos de aprendizaje.
    ¿Cómo aprender lo nuevo si no se relaciona en absoluto con lo que ya sé? (Quizá uno de los problemas más grandes en la educación es el abismo entre la cultura de referencia de los docentes y la de los estudiantes de algunos contextos sociales.)
    ¿Cómo inferir ideas de una lectura -lo que se acerca a mi experiencia como docente de Idioma Español- si no puedo percibirlas, pues se alejan tanto de los conocimientos que poseo (o los contradicen) que no puedo establecer relación alguna con ellas? (Mis estudiantes comprenden los textos que se relacionan con sus vivencias directas, pasando por alto, en general, los fragmentos que los contradicen o difieren con ellas.)
    ¿Cómo generar conexiones si, además (o por lo anterior), no me gusta? (¿O no me gusta porque no lo puedo conectar?)

    No es casualidad que yo esté leyendo este post y lo esté comentando.

    Desconectado de lo anterior -pero al respecto de tus reflexiones también- lo que mencionas sobre el documental me hizo pensar en lo que Perkins (en “La escuela inteligente”) denomina “síndrome de conocimiento frágil”. Cuando una persona lo padece, puede olvidar conocimientos, puede recordarlos pero no saber aplicarlos, manteniendo -de esta forma- sus ideas previas erróneas que tieden, finalmente, a convertirse en estereotipos o conocimientos rituales (solo sirven para aprobar los exámenes, y lo peor es que, a pesar de ser erróneos, suelen ser efectivos).

    Este comentario carece de conclusión para que alguien siga conectando.

    • Author
      Diego Leal 13 años ago

      Me gusta mucho (ja) la forma en la cual usas el lenguaje, pues nos obligas a ser realmente cuidadosos… 🙂

      Difícil abordar punto por punto, pero para empezar pondría al revés tu primera frase: lo que nos resulta prominente deriva de lo que nos gusta. Por supuesto, sería necesario aclarar de qué estamos hablando cuando decimos “me gusta”. Para el caso del post, coincido en que “me gusta” quiere decir “llama mi atención”, “es relevante” y “resulta promimente”, pero también “me ayuda a entender mejor”. Así que no se trata de algo anclado en lo emocional necesariamente (gusto/disgusto) sino de una expresión para calificar los patrones que me resultan relevantes en el fragmento.

      Ahora, si el gusto (y entramos de nuevo en qué significa ‘gusto’) ‘define’ lo que nos resulta prominente, cabe preguntarse cómo se genera ese ‘gusto’ y, en un modo más educacional, cómo estimularlo/focalizarlo.

      Concuerdo con la secuencia que propones, y considero útil enfatizar que la “masa de información” no incluye solamente lenguaje hablado sino todo tipo de estímulos conscientes y inconscientes, lo cual enreda aún más el asunto.

      Frente a tus preguntas, lo primero que viene a mi mente (en términos de un abordaje desde lo psicológico) es la zona de desarrollo próximo de Vygotsky. Pero eso nos deja en las mismas, pues en el panorama que propones lo que los estudiantes van a aprender, simplemente, está fuera de su ZDP. Obviamente, el problema no está solamente en el aula, sino que va mucho más allá y nos lleva de nuevo a la relevancia de la educación.

      Para no irnos demasiado lejos, pienso que en lo que dices hay algunas claves para encontrar alguna solución. El gran reto es poder establecer conexiones parciales entre o que “hay que aprender” y lo que “ya se sabe”. No puedo hablar de un área tan específica como el español pero, para mi propio caso (y pensando en ArTIC), la idea de enfocarnos en desafíos prácticos relacionados con el entorno personal busca justamente empezar a generar esas conexiones en los participantes.

      Aunque en ArTIC el proceso finaliza formalmente a las seis semanas, mi impresión (habría que verificarlo) es que más adelante será más sencillo para los participantes comprender los conceptos que hay detrás de lo que hicimos, pues ahora tienen un referente concreto con el cual atar las ideas más abstractas.

      No me atrevería a decir cómo aplica esto al caso específico de un área como el Idioma Español, pero creo que valdría la pena preguntar cuál es el propósito del aprendizaje del área, como punto de partida. ¿Será indispensable leer ‘ciertos’ libros? ¿Cierta secuencia de libros (no única) podría servir como puente entre lo que gusta y lo que inicialmente no gusta? Por otro lado, ¿qué ideas se espera que sean inferidas de una lectura? ¿cuál es el punto de inferirlas? ¿Se pueden lograr esos objetivos mediante lecturas más cercanas a cada estudiante?

      Las anteriores preguntas no desconocen las posibles limitaciones generadas por una estructura curricular determinada, pero sí llaman la atención sobre el qué (y el para qué), antes de pensar en el cómo. Un patrón que sigo percibiendo es que mezclamos estas dos cosas, y con frecuencia nos encariñamos tanto con ciertas cosas que terminamos volviéndolas indispensables, cuando existen muchas otras formas de alcanzar los mismos objetivos.

      Este comentario también carece de conclusión pues no pienso que exista. En cualquier caso, los próximos fragmentos del texto probablemente ayudan a entender un poco más este detalle latente en la generación de nuevas conexiones.

      Gracias por comentar!

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