Facilitando un EduCamp

Pretender saber cuál es la forma en la cual debería facilitarse un EduCamp es muy difícil, pues todavía es una idea que resulta novedosa, y como en realidad es una mezcla de diversas formas de trabajo colectivo, no hay un punto único de referencia.

Pienso que tratar de identificar los factores que caracterizan a un "buen" facilitador de un EduCamp es tan iluso como tratar de caracterizar a un buen profesor. Igual, tenemos disciplinas enteras que pretenden decirnos cómo debería ser un profesor, pero que curiosamente todavía están basadas en la información (a menudo teórica, a menudo sin un respaldo empírico contundente) recopilada por influyentes personajes de otras décadas.

Tal como lo sugiere John Medina (si, yo se, ahora no hago más que hablar de Medina, pero el problema es que en realidad su libro es MUY bueno), pensar en el diseño de ambientes educativos sin tener en cuenta las últimas comprensiones (no hallazgos, pues los fenómenos han estado allí todo el tiempo, solo que con frecuencia no los comprendemos) sobre nuestro cerebro es bastante extraño. Se me ocurre que sería como tratar de aprender a manejar un automóvil moderno con las indicaciones correspondientes a un Ford T. Es sencillamente absurdo.

No obstante, pretendemos hacerlo todo el tiempo. No se trata de ignorar los aportes que infinidad de personas han hecho a la educación (o a la pedagogía), pero honestamente, creo que a buena parte de nuestra bibliografía pedagógica valdría la pena aplicarle la navaja de Occam, y una fecha de caducidad similar a la de la leche. No será que estamos complejizando en exceso algo que en realidad no es TAN complejo?

Por eso me gusta el libro de Medina. Porque nos recuerda, mediante unas sencillas reglas, lo que sabe la neurociencia actual sobre nuestros cerebros. A partir de un trasfondo científico sólido, provee ideas sencillas que tienen un impacto definitivo en la forma como entendemos lo "significativo" o la imperiosa necesidad de "motivar" a nuestros estudiantes.

Esto parece divagación, pero en realidad no lo es, porque lo que intentamos con el EduCamp es proponer una nueva forma de vivir los entornos de aprendizaje, así que la forma como se facilita uno de estos talleres representa una práctica que se está intentando modelar. Lo único que podría decir sobre las condiciones que se requieren para facilitar un EduCamp, tal como han sido diseñados y realizados hasta ahora, es que quien lo haga en realidad necesita estar VIVIENDO el discurso (como decía Morfeo en Matrix, hay una diferencia entre conocer el camino y caminar el camino).

¿A qué me refiero con esto? El facilitador debería reconocerse (en serio) como aprendiz. Para mi, en este mundo conectado, eso significa varias cosas: Primero, reflexionar de manera abierta (como en un blog, por ejemplo); segundo, no sólo consumir sino tener destreza para manejar la información más actual de su área; tercero, estar compartiendo de manera natural (y no como un sutil mecanismo de autopromoción, como percibo que le ocurre a más de uno) lo que produce y lo que recibe, preferiblemente en espacios públicos. Esto no quiere decir que yo cumpla con todas estas condiciones, pues mi papel de "primer" facilitador de los EduCamp fue completamente fortuito. Usted se lo inventó, usted lo propuso, usted lo saca adelante.

Así que no basta con resaltar en una presentación la importancia de una idea como "todos somos aprendices". El estar no sólo convencido de ello, sino viviéndolo, cambia de manera radical la forma como el facilitador se comporta en un taller. Alguien que en realidad lo viva, difícilmente se aislará del grupo, o usará un tono de "profesor" (apuesto a que cualquier persona sabe cómo es ese tono, así no pueda explicarlo) o de regaño, o tratará de impulsar su visión del mundo ante el grupo. Ante todo, hará lo posible por respetar a los participantes de la experiencia de aprendizaje (en un sentido profundo del respeto, que va mucho más allá del simple trato).

Por otro lado, tengo la impresión que, cuando uno se reconoce como aprendiz, deja de tomarse tan en serio a sí mismo. Y eso significa que muchas cosas que no nos imaginamos haciendo se vuelven válidas, como sentarse en el piso, hablar de manera coloquial para expresar cosas importantes, bromear con los asistentes, etc. Siento que cuando no nos tomamos tan en serio, generamos una energía que puede contagiar a otros. Además, no tomarnos en serio nos permite estar tranquilos con la posibilidad de estar equivocados, pues el error es sólo una posibilidad más de aprender algo que no sabíamos. Las certezas (es decir, suponer que NO estoy equivocado) nos obligan a tomarnos muy en serio. Las certezas son rocas. Y todos conocemos a las rocas (no pude evitarlo. Para más contexto, este otro post).

Tal vez la razón más importante de vivir el discurso es que, en ese momento, nuestras acciones hablan por nosotros. No es necesario presentar en una diapositiva el "rol del estudiante en este ambiente de aprendizaje", pues las acciones del facilitador muestran precisamente cómo se comporta un aprendiz en tal entorno. Empezamos, de manera permanente, a "enseñar con el ejemplo".

Y de eso se trata. Facilitar un EduCamp, con toda la complejidad que implica, es mucho más sencillo (y auténtico) cuando quien lo hace en realidad está viviendo lo que dice. De nuevo, no estoy seguro de cumplir con tales condiciones. Pero sí se que cuando escucho a personas como Stephen, Nancy o Scott, algo resuena dentro de mi. Sí se que las discusiones que ellos están promoviendo poco a poco reflejan mis propias discusiones internas. Sí se que es inevitable para mí seguir aprendiendo a lo largo de toda mi vida. Sí se que, más allá de estudiante, profesor, profesional, "doctor" (algo muy colombiano, a todo el mundo le dicen doctor) o cualquier otra etiqueta, soy humano. Y los humanos somos exploradores naturales. Los humanos somos aprendices naturales. Así en ocasiones el sistema educativo quiera convencernos de que para aprender es necesario estar en un salón de clase (presencial o virtual).

Todo esto me hace pensar que estoy empezando a comprender un poco mejor una frase que se está convirtiendo en otra muletilla: "Debes ser el cambio que quieres ver en el mundo". Si quiero ver sentido crítico en mis estudiantes, debo empezar por aceptar que toda visión del mundo (al menos desde lo científico) es una historia incompleta, y explorar todos los puntos de vista posibles para llegar a mi propia conclusión. Sólo así puedo cuidarme del dogmatismo. Si quiero que mis estudiantes se reconozcan como aprendices, debo empezar por hacerlo yo mismo. Si quiero que mis estudiantes tengan buena ortografía, debo cuidarme de escribir muy bien (pues, valga la pena decirlo, en las encuestas de los EduCamp me he encontrado con algunas amargas sorpresas). Si quiero que mis estudiantes cambien sus prácticas, debo empezar por cambiarlas yo y mostrar con mi ejemplo a qué me refiero. Si quiero que el mundo cambie, debo cambiar yo primero.

Como es evidente, estas condiciones aplican no sólo para un EduCamp, sino para cualquier proceso educativo. De allí la relevancia de esta reflexión. Cada vez me siento más convencido de que, cuando tenga la oportunidad de volver a un salón de clase (pues hace tiempo no lo hago), no voy a poder hacer lo que siempre hice. Lo cual es fantástico.

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Sobre el autor

Soy Diego Leal .

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