Crisis / Reboot

Crisis: 5. Juicio que se hace de algo después de haberlo examinado cuidadosamente. 7. Situación dificultosa o complicada. (Fuente)

Reboot: Término informático que significa reiniciar. En el caso de los computadores, reiniciar implica liberar su memoria física. (Fuente)

Preludio

Después de más de cuatro años y medio de escribir este blog, es el momento de detenerme por un instante. Este tiempo ha sido para mi un periodo de mucho crecimiento personal y profesional. Cuando empecé a escribir, a mediados de 2006, no imaginé que el sumergirme en una nueva práctica y el exponerme a una gran cantidad de información diversa tendría los efectos que he podido ver.  Así como no podría imaginar que el dar inicio a un nuevo 'volumen' en mi vida me llevaría al punto en el que me encuentro ahora.

Cuando llegó el momento de dejar mi trabajo en el MEN para ir a Brasil, en 2008, me dije que sería interesante que el nuevo volumen tuviera como título 'Conciencia'.  Haciendo un balance, me atrevería a decir que algo de eso ocurrió.  Los últimos dos años me permitieron ver cosas que no había visto antes, estar expuesto a entornos y personas de todo tipo, entender un poco más la forma en la cual funciona nuestro mundo (y sorprenderme todo el tiempo por ello), y al mismo tiempo empezar a descubrir que mi percepción sobre el mundo y sobre mi área profesional, construida durante muchos años (podría argumentarse que desde que nací) era mucho más ingenua de lo que yo mismo imaginaba.

De allí viene la crisis.  Esa situación complicada se genera cuando logro ver mi proceso personal y profesional en el tiempo, y cuando empiezo a percibir las implicaciones de lo que, siendo generosos, podríamos calificar como ingenuidad. De eso se trata este post.  De explicar la crisis y las raíces de mi propia ingenuidad, explorar un poco las implicaciones que percibo para mi área de trabajo, y empezar a descubrir cómo reiniciar(me) para sentir mayor coherencia entre mis acciones y mis ideas.  Ante todo, se trata de descubrir cómo la aparente 'conciencia' que he logrado deja de representar la promesa de un inquietante futuro, en el que todos tenemos que ver y del que todos somos responsables.

¿Y si están equivocados?

Cuando inicie mi vida profesional en la Universidad de los Andes no tenía mucho conocimiento ni perspectiva respecto a lo que significaba el proceso educativo, así hubiera pasado prácticamente toda mi vida en él.  Por el contrario, lo tecnológico era mucho más cercano, dada mi formación como ingeniero de sistemas.  Siempre disfruté la tecnología y la posibilidad de crear cosas con ella (programas y aplicaciones, para mi caso personal).  En ese entonces, parecía muy importante (fundamental, tanto como para poner en riesgo una calificación y, por ende, un grado!) el conocer tal o cual lenguaje de programación (Java era muy importante) o el desarrollar según tal o cual metodología.

Curiosamente, dado que mis profesores hablaban de TAL o de CUAL, en mi cabeza el mensaje que quedaba era que esas dos cosas eran las más importantes, y no otras.  Por eso fue llamativo para mi, novato ingeniero de sistemas, encontrarme durante un viaje con cosas como Extreme Programming, que iba en contravía con mucho de lo que mis profesores me habían enseñado.  Y ni hablar del súbito protagonismo de lenguajes y estilos de programación que nunca habíamos explorado. Eso, sumado a la experiencia de haber tenido profesores cuyo papel en un curso era leer las diapositivas que otro había preparado, poco a poco empezó a generar una pregunta algo inquietante para un 'estudiante profesional': ¿Y si mis profesores están equivocados?

Tal pregunta, que ahora parece tan ingenua, es un problema para quien ha pasado buena parte de su vida confiando en que hay personas con más 'formación', más 'nivel' o más 'experiencia' que sí saben cómo funciona el mundo.  Desde el punto de vista psicológico, es la pregunta a la que se enfrenta el niño cuando descubre que sus padres no son todo lo que él imaginaba.  Lo inquietante es que ese convencimiento, que suele romperse cuando se llega a la adolescencia, haya durado tanto tiempo en mi interior. ¿Es ese uno de los mensajes que el sistema educativo me comunicó? ¿Era un mensaje deliberado, o una desafortunada casualidad?

Ahora, el asunto parece algo caricaturesco, pues sin duda desde mucho antes las evidencias de que los profesores podían estar equivocados eran abrumadoras. Lo que me digo ahora es que, por alguna razón, a pesar de la evidencia existente seguía existiendo ese convencimiento de que esa otra persona sí sabía, y que bastaría confiar en su juicio para 'entender'.

De fondo, el tema de fondo aquí tiene que ver con esa mirada parcial de la realidad que se va construyendo, y de la visible y profunda incoherencia entre el discurso y la acción.  Profesionales altamente reconocidos y respetados entraban en contradicciones que, a este momento, sugieren para mi un desconocimiento profundo de un área de estudio específica (a veces) o una profunda divergencia entre lo que se dice y lo que se hace (con más frecuencia).  Para la muestra un botón: Un profesor de historia que señala cómo la historia no es solamente un proceso de descripción de hechos sino de múltiples interpretaciones de las fuentes (abundantes o escasas) que existen, y que en un examen posterior asigna a una persona una nota reprobatoria pues su respuesta no coincide con sus propias ideas (las del profesor).  ¿Abierto a interpretación? No en realidad.  Entre más coincida con la mirada del profesor, mucho mejor.

Y lo que aparece aquí, una vez más, es el poder que tiene la evaluación en la construcción de una mirada del mundo.  Sólo aquello que obtiene una nota aprobatoria es 'válido'.  Sólo las fuentes que provee el profesor son 'las que son' (en especial si "entran en el parcial").  Así, poco a poco, con la simple elección de una fuente bibliográfica y con la asignación de una nota, se construye la ilusión de que existe una respuesta correcta.  Supongo que eso me gustó siempre de la programación.  Aunque había reglas, no había una única respuesta para un problema. Algunas eran más eficientes, otras más ingeniosas y, aunque algunas sencillamente no funcionaban, siempre era posible encontrar muchas formas.

Por supuesto, es justo decir que no en todos los casos ocurría esto, pero sí en la mayoría.  Y lo que se ha hecho más inquietante con el paso de los años es que no hay en estas acciones una decisión deliberada por promover una u otra mirada del mundo.  No se trata de 'mala voluntad' o de un compromiso con una 'agenda' específica.  Son cosas que simplemente 'ocurren' con la elección de un libro único (lo cual le encanta a las editoriales, además)  o con la corrección de los errores de los estudiantes. Con esas pequeñas acciones se va generando una mirada parcial e imcompleta del mundo, acompañada por la certeza de que existe una respuesta correcta.  Estoy seguro que todos podemos encontrar ejemplos claros de esta situación, y posiblemente la hemos vivido y sufrido sin poder hacer mucho al respecto.  Peor aún, a veces sin siquiera darnos cuenta.

Tecnología para aprender mejor

Para mi caso personal, mi práctica profesional terminó ligada con la educación.  Un ingeniero de sistemas tratando de pensar y de relacionarse con ese extraño campo de la pedagogía, y preguntándose cómo hacer más efectivo el proceso enseñanza-aprendizaje con el apoyo de la tecnología.  Buena parte del tiempo que estuve en la Universidad de los Andes estuve encargado de acompañar procesos de diseño educativo (instruccional, en realidad) y de servir de intermediario entre docentes, pedagogos e ingenieros, tratando de crear puentes para que las personas aprendieran mejor haciendo uso de la tecnología.

Pero, ¿aprender qué?  Cuando miro hacia atrás veo una actitud entre respetuosa y casi indiferente frente a qué era lo que se aprendía.  Lo cual es justificable considerando un montón de factores: por ejemplo, era un riesgo entrar en controversias o desacuerdos directos con los profesores pues eran nuestros 'clientes', y nuestro papel era apenas acompañarlos.  Además, desde mi área ¿cómo habría podido cuestionar qué se aprendía en uno u otro curso? Ni pensarlo.

Así que dos preguntas fueron quedando olvidadas en el proceso: qué se aprende y para qué se aprende.  Y no me estoy refiriendo aquí al currículo o a los temas de un curso, sino a aquellos mensajes disimulados y con frecuencia no intencionados (aquel currículo oculto del que con frecuencia se habla) pero que eran contundentes para los aprendices.

Eran muy diversas las situaciones que uno encontraba en este proceso.  A veces, los docentes estaban convencidos de que su curso era perfecto y no había nada para hacer.   A pesar de ello, con frecuencia bastaban dos o tres preguntas "bien hechas" para confrontarlos con las problemáticas de su práctica, que hasta entonces habían estado ocultas incluso para ellos.  En otros casos, como era fundamental ejercitarse una y otra vez, lo que hacíamos era digitalizar y publicar montañas de ejercicios en WebCT (en ese entonces, cuando la ingenuidad permitía pensar que el interés de un LMS era realmente educativo y no comercial) o rediseñar (en ocasiones de forma muy ingeniosa) aquellas aulas que los docentes tenían asignadas para su curso semestral. Para otros, la tecnología sería aquella herramienta que "motivaría a sus estudiantes". Felizmente, en algunos casos logramos encontrar docentes que llegaron a cuestionar su propia práctica, y que se arriesgaron a hacer cosas que nunca habían hecho.

Pero, ¿llegamos a abordar en algún momento los problemas de fondo? Al menos yo nunca lo hice en ese entonces.  Por un lado, porque no era mi misión.  Por otro, porque sencillamente no veía que hubiese un problema.

Y eso me resulta profundamente inquietante.  Así como no había problema para el estudiante que respondía lo que su profesor quería para evitarse problemas, no había problema para el ingeniero que estaba tratando de "mejorar el proceso de enseñanza-aprendizaje" (noble misión) o para el profesor que tenía que "dar" la clase que el departamento le asignaba y cumplir con el esquema que la institución y el curso tenían previsto.  Era simplemente el orden de las cosas, un status quo que no llegaba a cuestionarse pues se había convertido en parte del paisaje.

Por ejemplo, ¿tenía sentido preguntarse si se estaba ayudando a los estudiantes de administración de empresas a prepararse para explotar de manera más eficiente los recursos naturales (con lo que eso implica)? No, no era necesario, porque excedía mi misión.  Parafraseando lo que decía este artículo de The Chronicle of Higher Education: "Qué van a hacer los estudiantes con su conocimiento es una cuestión ética, y yo no soy experto en ética" (el original dice "Who is going to get the robots is an ethical question, and I am no ethicist").

Al final, es una buena forma de salvar responsabilidad, y de desconocer cuál es el impacto que pueden tener nuestras acciones en el mundo.  De nuevo, lo más inquietante es que ni siquiera había una decisión deliberada, sino que simplemente, esa no era una pregunta que fuera tomada en cuenta.  Sencillamente no hacía parte de lo que yo era capaz de ver.

Partiendo de la experiencia que he podido vivir y atreviéndome a generalizar un poco a partir de ella, me temo que ese es el estado de la mayor parte de personas que se dedican al tema de la educación o el aprendizaje apoyado con tecnología.   ¿Para qué los tableros digitales, o las aulas virtuales, o los clickers, o los contenidos educativos, o los <inserte aquí el nombre de la tecnología o dispositivo de moda>? Para aprender mejor, aunque en la mayoría de los casos se trata de hacerle la vida más fácil al profesor y de mantener (ojalá) 'motivados' a los estudiantes.  Cualquier discusión adicional empieza a generar incomodidad y simplemente puede ser ininteligible.  Pues estamos tan acostumbrados al status quo que ni siquiera logramos ver los efectos que tiene.  Como lo pondría Khun, estamos tan inmersos en nuestro propio paradigma (ah, otra palabra maravillosa) que somos incapaces de ver otras alternativas.  Y no es fundamental verlas, pues igual seguimos publicando, asistiendo a congresos y "construyendo conocimiento".

Como en cualquier otra situación, esto no significa que no hay personas conscientes de estos asuntos.  No obstante, para bien o para mal, suelo encontrarlos en áreas que por naturaleza son críticas, pero que con frecuencia son más académicas que prácticas.  Y así, desde otra perspectiva, se sigue construyendo la separación entre la teoría y la práctica.

Más es diferente

Uno de los efectos más claros de haber estado en el Ministerio de Educación fue la inesperada ampliación de mi perspectiva respecto a muy diversos temas.  Sólo cuando tuve que enfrentarme al problema de gestionar procesos de acompañamiento y fomento para todo un país logré percibir las limitaciones de mi visión como profesor (o al menos algunas de ellas).

De repente, el problema no era usar la tecnología para mejorar el proceso de aprendizaje de los estudiantes de una de las universidades privadas más prestigiosas del país, sino pensar en cómo iniciar un proceso de apropiación (ojalá con sentido) sobre estos temas a nivel nacional.

Como es de esperarse, uno de los aspectos más intimidantes (y en ocasiones desilusionantes) de esta labor era la escala.  Pensar en un total de alrededor de 100.000 docentes en educación superior, y empezar a enfrentarse a las profundas limitaciones estructurales para estimular el uso de la tecnología eran asuntos bastante retadores y al mismo tiempo estimulantes.  Fue una oportunidad de ver el mundo desde otra perspectiva, y de descubrir que muchas cosas no eran como yo las imaginaba.  Mientras estaba en el MEN inicié este blog, y en algunas ocasiones me referí a las dudas que iban surgiendo mientras estaba allí, así como a las posibilidades de solución que lograba percibir. Lo curioso es que, mirando hacia atrás, esas reflexiones sólo fueron puestas por escrito una vez salí del MEN.

Por ejemplo, poco antes de partir hacia Brasil escribí una reflexión acerca de las certezas en donde decía:

...sólo durante mi estadía en el MEN, llegué a tomar conciencia respecto a cuán poco sabemos sobre el mundo, y cuán poca información usamos para tomar decisiones. Descubrí que a menudo, decisiones muy importantes son tomadas a partir de la experiencia personal (exclusivamente) o, en el caso aún más inquietante, pero más visible en nuestra sociedad, a partir de la conveniencia personal, o en nombre de la conveniencia de un colectivo que no corresponde a toda la sociedad.

Lo cual amplíe luego en un post en el que me preguntaba cuándo es suficiente:

Tal vez uno de los [aprendizajes] más difíciles ha sido encontrar que muchas personas que se encuentran en cargos de alta responsabilidad y poder, y que usan esta situación para movilizar sus propios fines (como todos lo hacemos, probablemente), en ocasiones se encargan de paralizar y acabar, mediante la inercia y el silencio deliberado, los esfuerzos y labores que han consumido no sólo tiempo, sino el esfuerzo de muchísimas personas.

...Un profesional exitoso (hombre o mujer) con neurosis de complacencia, o con asuntos de abuso de poder no resueltos, puede terminar tomando decisiones completamente nocivas (o claramente arbitrarias) sobre temas de tipo técnico, mientras alimenta de manera inconsciente sus propios problemas psicológicos no resueltos. Y, con excepción de algunos cuantos iluminados alrededor del planeta, todos tenemos algún tipo de problema no resuelto. Que puede exacerbarse rápidamente cuando estamos en una posición de poder.

Por otro lado, quienes están en posiciones de poder no necesariamente son las personas más idóneas (que no significa solamente capacitadas o formadas), ni cuentan con la información y la perspectiva suficiente para estar en tales posiciones. Un ejemplo claro lo muestra el caos actual del sistema financiero estadounidense, por ejemplo. Ejecutivos con salarios escandalosos, otorgados en función de su supuesta capacidad de liderar de manera adecuada a empresas inmensas, no fueron capaces de tomar las decisiones correctas para prevenir la crisis. Pero claramente no es solamente responsabilidad de ellos, sino que muchos otros factores intervienen, como por ejemplo las decisiones que legisladores y directivos de organismos gubernamentales tomaron a lo largo de muchos años.

Pero también lo vemos a nuestro alrededor todos los días. ¿Por qué suponemos con frecuencia que si alguien es profesor, director de departamento, decano, rector, viceministro, ministro o presidente (por sólo mencionar algunos ejemplos de la política y la academia), en consecuencia debe tener la razón? Puedo recordar con total claridad ejemplos de profesores cuyo propósito en las evaluaciones era "eliminar la competencia", de directores de departamento con visiones parciales de lo que tenía sentido hacer (según su parecer personal), así como de directivos que inspiran terror entre sus colaboradores, quienes a su vez aprenden a estar indefensos ante los estados de ánimo de sus jefes, y a tratar de complacerlos de todas las maneras posibles, a riesgo de perder sus trabajos. ¿Acaso esto tiene sentido?

...Cuando las decisiones de cualquiera de estas personas terminan siendo nocivas, igual el cargo que desempeñaron entrará a hacer parte de su hoja de vida, y las acciones que hicieron (o que impidieron hacer) podrán ser cuestionadas por "la historia" (o no). Y así, poco a poco, se va tejiendo el entramado de nuestra sociedad. Quien tiene el turno de encontrarse en el poder, se encarga de asegurar su posición a toda costa, y quienes son afectados de manera directa o indirecta por sus acciones, a menudo ni siquiera se enteran de todos los hilos que se mueven tras bambalinas. Buenas o malas, razonables o no, nuevas cosas se ponen en marcha, tan sólo para ser cuestionadas (y en ocasiones desmanteladas) por quienes llegan más tarde al poder, o para ser continuadas porque ya no hay otra opción.

Así se teje el entramado de nuestro mundo, lleno en ocasiones de buenas intenciones (y en ocasiones de simples caprichos), dejándonos sólo la esperanza que, eventualmente, los errores serán corregidos y avanzaremos en alguna dirección con seguridad y sentido. El problema es que los errores nos cuestan mucho, como individuos y como especie.

Pero estas reflexiones apuntaban en principio al aspecto de responsabilidad inherente a los cargos del sector público, y a la sorpresa frente a lo poco racional que resultaban algunas decisiones.  Más allá de eso había otros asuntos que, al menos a mi, me hablan ahora de una nueva ingenuidad en la que caí sin darme cuenta.

Por ejemplo, el discurso respecto a las razones por las cuales es indispensable usar la tecnología (que son actualmente repetidas una y otra vez por el Ministerio de las TIC y ya hacían parte de nuestro discurso en el MEN, en incluso en Uniandes, desde hace mucho tiempo): competitividad, no podemos quedarnos atrás, es el requisito para hacer parte de la sociedad del conocimiento, es la clave para la innovación y, en consecuencia, para el desarrollo y el progreso, etc.

Y es aquí donde cabe de nuevo la pregunta que aparecía mucho antes: ¿Y si están (estamos) equivocados? ¿Cuáles son las razones de las certezas que parecemos tener? ¿Qué intereses y visión de mundo son representados en el discurso de desarrollo, progreso y competitividad? No está de más decir que la pregunta no pretende ser descalificadora, sino que en mi experiencia no recuerdo haber escuchado una sola discusión al respecto.  Por el contrario, lo que más recuerdo es una rápida apropiación de nuevos términos (por ejemplo, 'pertinencia' es un término que se consolidó mucho en 2007.  'Innovación' lo hizo en 2008) sin mucha reflexión (al menos evidente para mi) acerca de lo que está detrás de ellos.  El punto es que bien puede ser que esos intereses coincidan con los nuestros, pero mientras la pregunta no se aborda nos convertimos apenas en cajas de resonancia de ideas cuya procedencia no tenemos muy clara.

Y no se trata solamente de definiciones.  En mi caso personal, por ejemplo, tengo que reconocer que necesité varios años para empezar a escarbar en el discurso de la 'sociedad del conocimiento', por ejemplo. Y veo con claridad que todavía me cuesta trabajo percibir toda la carga de ideología social, política y económica que tiene detrás.  Lo problemático es que hablé acerca de ella y de su importancia durante mucho tiempo, convirtiéndome en un perico que repetía un discurso que apoyaba (al parecer) su área de trabajo pero sin ser muy consciente de sus implicaciones.  Y así con tantas otras frases de cajón y buzzwords que son el pan de cada día del mundo de la tecnología.

Como díría Shirky, más es diferente.  Y más, en el caso de un país, significa una enorme complejidad y heterogeneidad. Significa que el mundo no es tan plano como Friedman dice, y que corremos el riesgo de relativizar necesidades, condiciones e intereses al pensar a gran escala. Así que discursos homogeneizantes como el de la 'sociedad del conocimiento' o el de los 'nativos digitales' terminan ocultando la diversidad y respondiendo a intereses que no son tan claros, y que terminan por convertirse en parte del paisaje. ¿Efecto neto? No hablamos de ellos.

Mi percepción respecto a la política local y a los intereses globales también cambió en este periodo.  Escuchar en alguna reunión a un representante del Ministerio de Relaciones Exteriores hablar acerca de los "compromisos que Colombia había adquirido" y cómo estaban en contraposición con la adopción y uso de estrategias de licenciamiento abierto (por ejemplo) me llevó a pensar en cuál era esa Colombia de la cual él estaba hablando y en qué momento yo (como parte de Colombia) había tomado alguna decisión frente a esa tema específico.  Me hizo ver que incluso si la posición de muchos colombianos va en otro sentido, ese ente abstracto llamado "Colombia" ha adquirido en mi nombre "compromisos" que no pueden ser discutidos.  ¿Quién adquiere tales compromisos?  Cuerpos diplomáticos y ministerios compuestos por personas que, en el mejor de los casos (o peor, vaya uno a saber), están actuando con un convencimiento total y con conciencia de las implicaciones de tales compromisos.  O que están solamente corriendo tras el cumplimiento de una serie de metas e indicadores que otros más definen a nombre de toda una población que ni se entera de lo que ocurre, porque hay asuntos mucho más urgentes para atender (como sobrevivir, por ejemplo).

Como antes, y apenas juzgando por mi limitada experiencia y por lo que veo en el entorno actual, me temo que esta es otra área de discusión que es poco tenida en cuenta, y que el discurso más frecuente sugiere un determinismo tecnológico bastante marcado el cual, curiosamente, ni siquiera ha sido cuestionado.  Es bastante frecuente ver personas que asisten a eventos internacionales y regresan con nuevos términos y nuevos convencimientos que son puestos en práctica casi de inmediato, sin un proceso de revisión y de sano cuestionamiento.  Al final, es inquietante ver que el discurso se va consolidando y cada vez es menos cuestionado, pues muchos estamos ocupados identificando 'oportunidades' ahora que el ambiente es mucho más propicio.

Como en el caso anterior resulta curioso encontrar que, personas con alta formación en estas áreas tampoco parecen tener una mirada crítica al respecto.  O al menos no la hacen tan evidente.  Es curioso ver cuántos años pasamos 'estudiando' y 'formándonos' para terminar ocupados con mucha frecuencia en la satisfacción de nuestras propias necesidades creadas, perdiendo de vista el enorme hoyo que se encuentra detrás de los discursos.  Como en el caso anterior, la mirada crítica con frecuencia lleva a los extremos, lo cual es igualmente estéril.

De consumidores a productores

Mientras estaba en el MEN empezó la 'revolución' (como algunos entusiastas la describen) de la web social.  Gracias a la tecnología, finalmente tendríamos como ciudadanos nuevas herramientas que permitirían 'cambiar el mundo'.  Indudablemente, pasaríamos de consumidores de información a ser productores. Sería sólo cuestión de tiempo.  Y en buen momento, en vista de la crecientemente compleja situación de crisis que parece confrontar el planeta.

Yo he vivido de primera mano ese proceso de pasar de consumidor a productor de información, y sin duda reconozco el potencial que tienen en el trabajo que desarrollo.  Igualmente, el papel que tienen en la ampliación de la visión respecto al mundo. Es gracias a esta tecnología reciente que he aprendido un poco más respecto a los grandes temas que están en juego globalmente (gracias a cosas como TED, por ejemplo).  Juzgando por mi propia experiencia, durante mucho tiempo he supuesto que el acceso a información es la clave para la transformación.

Pero, como digo, este es apenas un supuesto.  El acceso a la información no es algo homogéneo, sino que está en función de los intereses y conexiones (de todo tipo) que cada persona tiene y está en capacidad de hacer.  Para mi caso personal, desde siempre me ha gustado consumir información.  Durante mucho tiempo a través de libros, después con música, y al entrar en juego la red, con la gran diversidad de temas que se encuentran aquí.

Por supuesto, sin importar cuánta información se consume, la mirada del mundo siempre será parcial.  Con esa salvedad, mi exposición a un exceso de información se ha convertido en otra causa de mi crisis.  El patrón que empiezo a reconocer es al menos desconsolador, y con frecuencia inquietante.  Y me hace pensar que somos una especie muy joven para los juguetes que tenemos y que, a pesar de toda la tecnología, seguimos atrapados en la misma tragedia griega que compone buena parte de nuestros mitos más antiguos.

La decepción ha ido creciendo a lo largo de los años.  9/11 fue una primera señal clara de inquietud, poniendo en evidencia la compleja relación entre naciones, religiones e ideologías.  La crisis financiera global sólo sirvió para confirmar lo poco que sabemos acerca de nuestro propio mundo, y para poner en tela de juicio el juicio (justamente) de los expertos globales. Tan aterrador como suena, pude ver por primera vez que tal vez los sistemas y estructuras que hemos puesto en marcha nos han excedido, con todo lo que ello implica.

Así que hay suficiente evidencia como para preguntarme cuál es el sentido del acceso a la información en todo momento y en todo lugar, y cuál es el sentido de 'producir'.  A medida que pasan los años, se hace cada vez más claro que la red es un reflejo de nuestra condición humana, con todo lo bueno y lo malo que esto puede representar.  Así que la producción no tiene una única cara, y al final está enmarcada en los sistemas y las estructuras que tanto inciden en lo que hacemos y pensamos.

Esta parte se hace confusa porque es justamente un reflejo de lo que hay en mi cabeza (y por eso cuesta trabajo ponerlo por escrito!).  ¿Será que hay un verdadero valor en producir en lugar de consumir, o habrá formas más sutiles de consumo que subyacen?  Como decía antes, pienso que la pregunta es útil así la respuesta sea positiva.  Para este caso específico, la producción a través de los medios sociales sí genera otras formas de consumo, esencialmente tecnológico.  Y esto es llamativo después de pasar tantos años en un entorno que se caracteriza por tener ciclos muy cortos de producto y, en algunos casos, obsolescencia programada. Lo que a primera vista se comprende como un asunto de inclusión social y de equidad, resulta mucho más complejo, e involucra la entrada de poblaciones enteras (con frecuencia desde una muy temprana edad) en la carrera de tener el 'último' aparato en múltiples categorías (como si tal cosa existiera).  Aparatos que, por supuesto, no son generados localmente (y como algunos dirían, el ejercicio es "siga al dinero").

Lamentablemente, esto permite generar suspicacias respecto a muchas y diversas iniciativas.  Tal vez es ingenuo (de nuevo) suponer que tal o cual productor de hardware o software o proveedor de servicios no actúa en temas de responsabilidad social con un interés estratégico, o que la oferta de servicios gratuitos se hace 'por la equidad y la justicia'. Esto me lleva a la duda de si estamos haciendo un pacto con el diablo o mejor, cuál es el diablo con el que estamos haciendo pacto ahora.  Y me lleva a preguntarme si no estamos tratando de cambiarlo todo para que al final nada cambie.  Convirtámonos en productores para seguir atrapados en la lógica del consumo (no sólo de información sino de todo tipo de cosas).

Lo cual me hace pensar, inevitablemente, en la responsabilidad que me cabe frente a todos estos asuntos, considerando el pequeño (pero existente) impacto que tengo en el mundo a través de mi labor.

The Big Picture

Este ha sido un camino de alejamiento.  Me veo alejándome de mi propio interés profesional, usando los medios que promueve, para observar a la distancia cosas que antes, cuando estaba preocupado por el curso semestral que tenía que dictar, no lograba ver.   Y no es cuestión sólo de ver, sino de empezar a percibir las implicaciones de lo que hacemos, en términos personales y profesionales.  Lo cual no quiere decir que yo lo está haciendo, pero me gusta pensar que al menos lo intento.

Haber asistido el año anterior al International Commons Conference me permitió encontrarme con una realidad muy interesante, que va desde la decepción entre algunos asistentes por encuentros sobre biodiversidad como el Nagoya hasta historias sobre los intentos de hacerle geoingeniería al planeta, pasando por una pregunta muy pragmática realizada durante el evento, relacionada con la supervivencia de corto plazo (es decir, de dónde se saca el dinero para comer) de quienes le apuestan a los bienes comunes.

La discusión acerca de la propiedad de los recursos naturales, inevitablemente me ha llevado a cuestionar muchas ideas que tenía sobre muchas cosas.  Por ejemplo, ¿cuáles son las razones reales por las cuales las personas deciden tener hijos? ¿Todo tipo de expresión es válido? ¿A dónde puede llevarnos la relativización (cuando no comodificación) creciente de todo tipo de cosas? ¿Estaríamos dispuestos a renunciar a nuestras comodidades para garantizar nuestra supervivencia?

Tal vez ese evento fue el que hizo que viera a OpenEd y el Mozilla Drumbeat de una manera un poco diferente a la habitual (pero eso da para otro post).  Lo cierto es que en este momento me pregunto en cuántas ocasiones los intentos de cambiar el status quo son poco más que un esfuerzo deliberado por entrar en él, o simplemente por sentir que estamos haciendo algo al respecto.

Tal vez el golpe más contundente para mi propia visión respecto a las cosas que he hecho lo encontré en "As the world burns", una novela gráfica que de manera bastante satírica cuestiona el movimiento ambientalista, recordando que el verdadero problema no está en los bombillos que compremos o el agua que ahorremos al bañarnos, sino en intereses que van mucho más allá de eso, y que terminan siendo los verdaderos depredadores del planeta, ayudados por nuestra propia obsesión consumista.  Lo malo de la novela es que no resulta muy propositiva en términos de soluciones, pero en fin.

El asunto es que si hiciéramos un paralelo con el sector educativo, me temo que estaríamos en las mismas. El problema no está en los contenidos digitales que tenemos ni en la pedagogía que usemos, sino en la estructura misma de la escuela y en los mensajes no ocultos que transmite.  Para bien o para mal, al final el problema es el que Ilich identificó desde hace ya varias décadas: estamos en una sociedad escolarizada.

Y en esa sociedad escolarizada, incluso el acceso a la tecnología no es suficiente.  Me sorprendió escuchar esto en una sesión en línea el año pasado, en la cual personas de una escuela pública y de un colegio privado, con historias comparables de dotación tecnológica, diferían en cuanto a su percepción del fin que sus instituciones perseguían.  El colegio privado parecía estar formando líderes, mientras que la escuela pública parecía formar empleados.

Por supuesto, uno podría decir que no todos necesitan ser líderes, pero me temo que para afrontar las crisis globales eso es lo que más necesitamos.  No líderes que salgan a alimentar al mismo sistema y a mantener el status quo, sino personas que puedan hacer preguntas complicadas y que intenten resolverlas.  Al final, personas que entiendan que tienen una incidencia en el mundo.

Pero generar este cambio es una tarea, obviamente, hercúlea.  Así que a este punto, me siento bastante escéptico respecto al rumbo que estamos tomando como especie.  Lo malo es que no veo que seamos capaces de hacer nada a tiempo, así que la alternativa pareciera ser sentarse y observar el extraño espectáculo.

El punto actual de mi camino me lleva a ver que el área en la que he estado durante tanto tiempo, por alguna razón, no suele abordar estos asuntos.  Y que hablamos de cambio pero a veces nos quedamos cortos en ver la dimensión real de ese cambio.  ¿De qué se trata la competitividad? ¿De consumir más y mejor? ¿De qué se trata la innovación? ¿De usar nuevas técnicas y herramientas para lograr los mismos fines de siempre, que nos han traído a este punto? ¿Qué ocurrirá cuando todo niño tenga un computador (noble esfuerzo, sin duda)? ¿Qué recursos naturales se necesitan para mantener el ritmo de consumo que se genera? ¿A dónde se va a ir la basura tecnológica generada? Y a fin de cuentas, ¿quién se beneficia realmente con el discurso sobre la sociedad de la información y el conocimiento? ¿quiénes se quedan por fuera de ella?

Reboot

He pensado mucho respecto a lo que significa poner estas cosas por escrito (y sobre todo en público).  De entrada, puede parecer suicida, pues estoy cuestionando mi propia actividad en los últimos años.  No obstante, siento que como parte de mi proceso de aprendizaje es importante y honesto hacerlo.

Confieso que en ocasiones me digo que sería mucho más sencillo olvidarme del asunto, no pensar tanto y "disfrutar la vida". Lo malo es que no logro hacerlo.  Y no sólo eso, sino que me es imposible reconocer mi propia situación y preguntarme qué cosas podría hacer, desde lo que sé hacer, que ayuden de alguna manera.

Algo que ha llamado mi atención durante los últimos años es la gran sensación de desempoderamiento que he encontrado en muchos de los participantes en mis talleres y cursos.  Y me pregunto si en parte por eso tanto los talleres como los cursos han tenido una buena respuesta. ¿Será que dar poder a las personas sobre su propio proceso conlleva un mensaje oculto que podría cambiar su percepción frente al mundo?

No recuerdo en dónde leí algo como lo siguiente: algo que se puede hacer es tratar de exponer a las personas a la realidad. O mejor, propiciar eventos que permitan dar un vistazo a la complejidad de los problemas que estamos afrontando, con la esperanza de que eso genere algún efecto.  Algo así como exponer a las personas a la decisión de tomar la píldora roja o la azul, tantas veces como sea necesario.

Desde la labor que hago, esto significaría seguir profundizando en lo que ya he venido haciendo tanto en talleres como en cursos: plantear una mirada más amplia a los temas estudiados, que obligue a los participantes a considerar su propia responsabilidad respecto a lo que está ocurriendo en nuestro entorno.

Hay otra labor importante, para la cual la red es muy propicia: conectar a las personas con las cosas que necesitan para impactar de manera positiva su entorno.  Eso es algo que pienso que puedo hacer, en la medida de mis posibilidades.

Pero tal vez lo más importante que puedo hacer es aprovechar el punto de confluencia en el que me encuentro y tratar de comunicar, en lo posible, la forma en la que estas percepciones se relacionan con los temas de tecnología y educación.

Ahora, tengo bastante claro que nada de esto es realmente "nuevo", sino que ha sido abordado a lo largo de las décadas una y otra vez por diversas personas. Aunque tengo que reconocer que esa sensación de ingnorancia (sumada a la de ingenuidad) ha demorado esta reflexión bastante tiempo, estoy empezando a entender que el cambio en mi percepción puede ser útil para otros, y que es entre ingenuo y pretencioso querer generar cosas "nuevas". Puede que baste con comunicar esas otras miradas, y confiar en que cada cual sepa qué hacer con ellas.

Así que hacer "reboot", a este punto, no significa cambiar todo lo que he venido haciendo.  Significa aclarar un poco más mi panorama y decidir hacia dónde ir, libre de un montón de cosas que me estaban paralizando. Significa actuar de manera deliberada en función de los temas que me parecen importantes, y recordar permanentemente que sigo teniendo una visión incompleta del mundo.  Y que tal vez siempre será así.  Pero también significa cuidarme de la ingenuidad.  Cuestionar visiones, preguntar por intereses y tratar de descubrir qué cosas hay detrás de lo que solemos considerar "el paisaje".

Epílogo

En medio de mi reflexión, noté que tal vez es tiempo de iniciar un nuevo volumen en mi vida, que me permita complementar esa "conciencia" que titulaba al volumen anterior.  He descubierto que el exceso de información puede ayudar a generar algo de conciencia, pero que si se encuentra solo, puede terminar por llevarnos a una mirada bastante pesimista del mundo.

Por esa razón, al pensar en algo que me gustaría desarrollar ahora (sin que eso suponga que lo de la conciencia está logrado, ni más faltaba), viene a mi mente la palabra "compasión".  Pienso que la conciencia con compasión me puede ayudar a ver y reconocer lo bueno y a comprender de mejor manera lo que no parece tan bueno.

No estoy seguro de que la crisis que se ha venido cocinando durante tanto tiempo quede resuelta.  Pero lo cierto es que la reflexión me permite sentirme un poco más tranquilo conmigo mismo, y en esa medida me permite avanzar.

Hay otro efecto colateral de la crisis, y es que siento que es el momento de liberarme del esquema que me he impuesto a mi mismo con este blog.  Tal vez sea actualizado en el futuro, cuando sienta que tiene sentido hacerlo (lo cual es un avance pues al final del año pasado llegué a pensar en eliminarlo por completo), pero por lo pronto este post constituye el final de un ciclo, y el inicio de una pausa cuya duración desconozco.

Tal vez empiece a escribir en otro sitio y reorganice mi sitio web.  Tal vez sólo siga publicando cosas ocasionales en twitter o en posterous.  Todavía no lo sé con certeza, pero sea cual sea la duración de la pausa no puedo dejar de agradecer a quienes me acompañaron en este tiempo.  Espero que sigamos encontrándonos por otros medios.

Como todo final es al mismo tiempo un inicio, nadie mejor que Björk para cerrar este post:

If living is seeing, I'm holding my breath.
In wonder, I wonder what happens next,
A new world, a new day to see...

Björk, New World

Excelsior!


Sobre el autor

Soy Diego Leal . Quiero entender cómo funciona el mundo y ayudar a otros a hacerlo. Para ello trabajo en el diseño e implementación de experiencias de aprendizaje en red con uso de tecnología, que nos den pistas sobre cómo podemos aprovechar el potencial de los recursos con los que contamos para mejorar nuestro entorno. Me sorprende lo poco que sabemos y lo mucho que creemos saber.

©2017 Diego E. Leal Fonseca. Partes de este sitio están disponibles bajo licencia Creative Commons BY-NC-SA

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