El destino de los profesores incompetentes en la era de YouTube

Sebastien Paquet escribe sobre algo que TODOS hemos sufrido en algún momento de nuestras vidas como estudiantes (tener que aguantarnos a un mal profesor). Luego, sugiere algunas cosas que pueden ocurrir con estos profesores en la "Era de YouTube".

Algunos apartes:

Good teachers have always had some measure of fame at the local level. Let's not kid ourselves: within a school, the students know who is a good teacher and who is no more illuminating than a wet pack of matches.

The net takes that to a whole different level. Eventually everyone will know who the good teachers are, and will be able to tune into them. They will be rock stars.

But what will happen to the bad teachers then?

Buena pregunta...

...in a world where learners are free to tune into many other, competent teachers, it will inevitably show. When you have something to compare to, bad becomes tangibly bad.

Very well then. There can't be so many bad teachers anyway, right? Well... It only takes one extremely talented biology 101 teacher to raise the bar for all biology 101 teachers. In effect, the top 5% of teachers stand to make the other 95% look bad, if they put themselves to it.

Some of the poor teachers will look so bad that their students will simply laugh and walk out if they can, or tune out if they can't. They will only show up in class to get evaluated.

Por esto último me cuesta trabajo entender, en estos días, que una institución tenga reglas acerca de la asistencia a clase (como en el caso de muchas instituciones en Brasil, en donde para "pasar" una
materia es necesario asistir al 80% de las clases, sin importar qué tan irrelevantes sean).  ¿Qué pasaría si en el reglamento de una institución estuviera incluida la regla de los dos pies de manera explícita?

Of course, this kind of behavior will bring some questions into sharp focus, among them: "What good is it to pay an incompetent teacher to come in and give lessons that nobody actually listens to?"


Excelente pregunta, que más de una institución debería empezar a hacerse.  ¿Si mis estudiantes pueden acceder a los mejores profesores del planeta en ciertas áreas, para qué gasto dinero en profesores que no son tan buenos?  ¿Cuál es su valor agregado?

El asunto es complejo, porque esto empieza a desdibujar los límites del prestigio institucional, aquella "ventaja competitiva" que hace que esta universidad tenga más "prestigio" que aquella.   Mi impresión es que la investigación aplicada a resolver problemas locales puede empezar a tener mucha más relevancia en términos de un servicio real a una comunidad específica, pues la mera "transmisión" del conocimiento puede hacerse ahora por otros medios, mucho más cómodos.

Por supuesto, hay muchas razones por las cuales la gente va a una u otra institución:  disponibilidad, costo, para hacer contactos, para mantener tradiciones familiares, para no perder contacto con los amigos, etc.  Pero el asunto es que tales razones no tienen que ver en realidad con la calidad de la enseñanza (¿con qué frecuencia se pregunta un futuro estudiante universitario acerca de la calidad de la enseñanza que hay en la institución a la que piensa ingresar?), lo cual me sugiere en este momento que podría debatirse hasta qué punto el grueso de nuestros estudiantes llega a la Universidad porque quieren "aprender".

Me pregunto ahora si una de las acciones más radicales que podríamos hacer es, simplemente, organizarnos y subtitular entre todos el contenido académico en video disponible en YouTube (así como se hizo con TED), para que el idioma deje de ser la barrera que hace que muchos de nuestros estudiantes sigan atrapados con profesores incompetentes...

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Sobre el autor

Soy Diego Leal . Quiero entender cómo funciona el mundo y ayudar a otros a hacerlo. Para ello trabajo en el diseño e implementación de experiencias de aprendizaje en red con uso de tecnología, que nos den pistas sobre cómo podemos aprovechar el potencial de los recursos con los que contamos para mejorar nuestro entorno. Me sorprende lo poco que sabemos y lo mucho que creemos saber.

©2017 Diego E. Leal Fonseca. Partes de este sitio están disponibles bajo licencia Creative Commons BY-NC-SA

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