Política en línea y objetividad

NOTA: Este no es un post sobre política, sino sobre sentido común.

Terminé ayer el segundo capítulo del libro de Andrew Keen titulado "The Cult of the Amateur", y debo decir que es una lectura que vale la pena hacer, incluso si uno no está de acuerdo con la posición de Keen.

Entre los tweets de Keen hay uno en el que hace referencia a una entrevista reciente a Clay Shirky (autor de Here comes everybody), en la que este último parece expresar reparos sobre la legitimación democrática realizada a través de la web, dado que grupos con intereses específicos pueden abusar del medio para promover su propia posición frente a un tema, la cual puede no reflejar necesariamente ni la opinión ni la conveniencia de una comunidad nacional.

Dice Shirky que

It's clear that it's yet another environment in which special interest groups have to have some kind of check and balance against them.

Es claro que [Internet] es otro entorno más en el cual grupos con intereses especiales deben tener algún tipo de revisión y equilibrio en su contra.

Así que estas palabras de Shirky, más el provocativo libro de Keen, estaban rondando mi cabeza ayer cuando me encontré un post de Carlos Thompson (Politiqueando a lo 2.0) que terminé comentando. Esta era mi posición frente al post de Carlos:

Carlos,

Como usted dice, hay muchos factores de contexto que incidieron en que lo del 4 de febrero funcionara. Prueba de ello es que los siguientes intentos de repetir el asunto fueron prácticamente un fiasco.

La pregunta que queda en el aire (y que me ha rondado en los últimos tiempos también) es si es en realidad posible el activismo “digital”, o si plataformas como Facebook no van a ser nada más que, como decía algún conocido, “la revista Caras de los pobres”.

Ahora, si estamos hablando de democratización de la actividad política, hay más de una cara para ello. Clay Shirky parece estar cambiando su posición al respecto. Pareciera que, después de todo, la sabiduría de las multitudes no es la herramienta más útil para tratar asuntos de interés de toda una comunidad (que es el objetivo, al final, de la actividad política). La incidencia (y eventual manipulación) de grupos de interés específicos, incluso en este tipo de medios, pueden terminar por desvirtuar el potencial de las herramientas tecnológicas.

Por eso me siento un tanto escéptico frente a que algunos de nuestros políticos ingresen a Twitter o lancen su blog en un coctel (como lo hizo Gómez Méndez). El año pasado escuché la historia de un concejal capitalino, muy de avanzada él, que decidió aprovechar el potencial de las redes sociales, así que mandó a contratar a alguien para que le mantuviera su perfil en Facebook y le escribiera su blog. Hacer eso él mismo? Ni de vainas!

En el fondo, aunque tenemos las herramientas, lo que no vemos es una transformación de la práctica política. Sin eso, solamente vamos a tener más de lo mismo, pero en Twitter. Porque el “debate” no pasa de un simple eufemismo para “el que ofrezca más beneficios” (en algún lugar leía que a menudo la gente no vota con la cabeza sino con el estómago). Así que no hay un diálogo, porque no hay interesados en dialogar, y cabe preguntarse si en realidad hay con quién hacerlo.

Una de las cosas más mencionadas de la campaña de Obama, además del uso de la tecnología, fue cómo el movimiento creció desde abajo, desde una base de activistas muy consolidada. Una base que, entre otras cosas, respondió a un discurso que apelaba a valores como la virtud, y a exaltar cualidades nacionales con las cuales los estadounidenses se identifican plenamente.

Cuando aparezca un político local que apele de manera honesta a este tipo de aspectos de largo plazo, que tenga un discurso que sea inspirador más allá de “voy a acabar con x”, o “voy a darle comida gratis a y”, tal vez el potencial de la tecnología tendrá un espacio para florecer con sentido. Mientras tanto, me temo que los políticos van a aprender a aprovechar la tecnología de la misma manera que muchos de nosotros lo hacemos: Para hacer más de lo mismo.

Y hoy, hablando de sincronicidad, me encuentro en Global Voices un artículo de Julián Ortega en el que se pregunta si los políticos colombianos están aprovechando Twitter al máximo, y en el cual referencia un post de Juglar del Zipa (Miguel Olaya), del cual extrae el siguiente fragmento para apoyar su argumento:

¿Acaso no saben [Germán Vargas y Rafael Pardo] que Twitter puede ser mucho más que responder qué estás haciendo? ¿No saben que por medio de Twitter uno puede establecer relaciones próximas con gente o conocer la textura de las opiniones más allá de las simples encuestas? ¿No saben qué es lo que se ha dado por llamar dospuntocero? ¿Algún día se le medirían a un blips&candidates? ¿Realmente serían capaces de sostener un debate, de dialogar? Claro que no.

Los invito a leer los artículos completos. Yo traté de hacerlo de manera juiciosa, y siento la necesidad de decir algo al respecto.

Primero, quedo un tanto inquieto con el artículo en Global Voices, que es para muchas personas una vitrina muy válida de las cosas que ocurren en los países latinoamericanos. ¿Por qué inquieto? Resulta que no sólo es un artículo de opinión, sino que apoya su argumento en las opiniones y reacciones de diversos miembros de la comunidad de Twitter de Colombia, quienes descalifican de diversas maneras la presencia de Germán Vargas y Rafael Pardo en Twitter. De hecho, ¿será posible llegar a un nivel de mera opinión mayor que el del párrafo de Miguel Olaya?

El que peor librado sale es Vargas Lleras (cuyo primer Twit es del 9 de Febrero), debido a que parece contestar de manera literal a la pregunta "Qué estás haciendo?", lo cual molesta a quienes quieren tener conversaciones con él. Lo curioso es que muchas de estas personas que exigen leer las ideas de Germán Vargas, nos "cautivan" día a día con descripciones de cosas que no están muy alejadas de lo que él publica:

  • Lo que les está pasando a sus mascotas
  • Cómo se sienten de deprimidos el día de hoy
  • Cómo van sus relaciones de pareja
  • Lo que opinan (con o sin suficiente información) sobre cualquier cosa que ocurre

Eso sin contar la multitud de enlaces a cosas irrelevantes con las que nos "enriquecen". Sera que estas personas se sentirían más cómodas si Germán Vargas nos enviara enlaces a los últimos videos que descubrió en YouTube, o a la última aplicación en la que demuestra cómo es de popular entre quienes lo siguen?

Mi punto (lamento el excesivo sarcasmo del párrafo anterior) es que bien nos caería recordar cómo empezamos cada uno de nosotros a usar estas herramientas. Y recordar que no existe "el uso adecuado". Cada persona tiene no sólo el privilegio sino el derecho de descubrir a su ritmo cómo sacarle provecho a una herramienta.

Por eso miro cada vez con más reparo a los auto-proclamados "expertos" que nos dicen en conferencias y paneles para qué se usa o no un blog o, en este caso, Twitter. Lo único que estamos demostrando con esto es una inmensa falta de comprensión sobre la manera en la cual cómo se comportan las personas. Siempre habrá un uso nuevo para cualquier herramientas, en función de las necesidades de quien la usa.

Alguien argumentará que Vargas o Pardo tienen una responsabilidad mayor porque son figuras públicas. Pero eso es solamente perpetuar la idea de que, en este caso, los políticos son personas que tienen que tener una respuesta inmediata para todo, lo cual es completamente imposible. En lo personal, encuentro mucho más interesante ver cómo van evolucionando en su uso de Twitter, que descalificar lo que se están atreviendo a hacer.

No puedo evitar pensar que Andrew Keen tiene algo de razón cuando nos alerta frente al poder que dan las herramientas tecnológicas recientes. Es ilógico hablar de la importancia del "debate", si el artículo de Ortega representa una muestra de la calidad de ese debate. Tenemos que recordar que no cualquier persona a la que seguimos en Twitter quiere conversar con nosotros. Tenemos que entender que cabe la posibilidad de que Vargas y Pardo tengan algo más importante que hacer que enterarse de la comida que comió el gato de algún ciudadano colombiano con acceso a un computador. Y cabe preguntarnos si en realidad es posible tener una discusión argumentada en secuencias de 140 caracteres o menos (Para una discusión mucho más contundente respecto al impacto de los medios masivos en el discurso público, los invito a leer "Conscientious Objections", de Neil Postman). Cabe preguntarnos qué es lo que estamos entendiendo por "debate".

Para terminar, si quienes están detrás de @rafaelpardo y @german_vargas son en realidad ellos (y no alguna agencia de publicidad), de veras los felicito por atreverse a entrar en esto de esa manera, pues es un riesgo inmenso (como es evidente).

Y en ese sentido sigo siendo consecuente con mi comentario a Carlos. Tener presencia personal en la red es algo transformador en muchos aspectos, y tal vez estos primeros intentos sean el inicio de una nueva comprensión de la actividad política para muchas de estas figuras públicas. Pero tenemos que recordar que toma tiempo. Y tratar de asumir la posición más objetiva posible al respecto.

Por supuesto, todo lo anterior es opinión. Y debe ser reconocido como tal por cualquier lector.

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