Entendiendo los MOOC (y hasta pronto)…

En Mayo de 2013, Proyecto 50 me invitó a realizar una charla en un Seminario de investigación sobre el tema de MOOC. La charla fue grabada y publicada en Septiembre y, aunque la compartí en línea tan pronto estuvo disponible, nunca llegué a escribir algo al respecto. Aprovechando que mi disco duro decidió morir y tuve que reinstalar todo mi sistema operativo, decidí aprovechar el tiempo volviendo sobre borradores que tenía, bueno, en borrador.

La presentación fue para mí un ejercicio muy interesante, pues decidí hacer un recorrido por cada una de las palabras que componen el término MOOC: Curso Abierto Masivo en Línea. Así que regresé sobre los elementos que componen un curso típico (no en detalle, por supuesto) y luego exploré un poco cuáles de esos elementos suelen ser protagónicos en un curso en línea, pasando de allí al papel que juegan los CMS, los LMS y los objetos de aprendizaje en todo este panorama, desembocando en una provocadora idea de un artículo de David Wiley y Jon Mott que muestra que todos estos sistemas han reforzado una mirada fragmentada del proceso de aprendizaje. Desde mi perspectiva, el aspecto clave de estos sistemas es que siguen promoviendo redes centralizadas.

La tercera palabra es, para mi, la más importante de toda esta discusión: abierto. Es fundamental porque es la más olvidada (y maltratada) cuando se habla de MOOC. En esta sección de la presentación, viajé hacia los orígenes del concepto contemporáneo de abierto, pasando desde Stallman y Wiley hasta Lessig, y recordando las múltiples iniciativas que prepararon el terreno para la aparición de conceptos como Recursos Educativos Abiertos y, más recientemente, Prácticas Educativas Abiertas. Desde mi perspectiva, estos no son temas triviales. Por el contrario, reflejan una mirada del mundo (y de la educación) muy particular, que se queda por fuera cuando se entiende abierto como sinónimo de gratuito.

En la segunda parte de esta sección, aterrizo (inevitablemente) en las ideas de conectivismo de Stephen Y George quienes, siguiendo los pasos de David Wiley y Alec Couros, lideraron la realización de CCK08, el primer curso ABIERTO en línea que se volvió MASIVO. Durante la experiencia distribuida de CCK08, serían Dave Cormier y Bryan Alexander quienes inventarían el acrónimo MOOC, que tan popular terminaría siendo. No está de más decir que tuve la oportunidad de vivir esto de primera mano. Lo suficiente como para hacer mis primeros experimentos propios, con sabor muy local, en 2009. Mis primeros cursos abiertos no fueron masivos, pero sí me permitieron vivir de primera mano muchos de los retos y de las realidades de diseño e implementación involucradas en estas experiencias distribuidas. Aparecen aquí luego (como no) los fantásticos experimentos de Jim y Alan con ds106.

Y aquí se genera un rompimiento claro, pues se hace necesario empezar a hablar de MOOC conectivistas (cMOOC) en el momento en el que aparecen otros que poco tienen que ver con la filosofía de aprendizaje que dió origen a CCK08 y al término MOOC. La presentación continúa con una historia reconstruida a partir de la información disponible en medios, que cuenta la emergencia de Udacity, Coursera y edX, enfatizando en las diferencias de fondo que hay entre estos enfoques y los que datan de 2008. No está de más advertir que la presentación se refiere al panorama tal como estaba configurado en 2013, así que a estas alturas ya podemos decir que es un documento desactualizado. O mejor, que puede ser complementado con lo ocurrido en el último año.

Aquí está la grabación de la presentación:

Y aquí los slides correspondientes:

Como decía, es mucho lo que ha ocurrido en el último año. La experiencia que vivimos con TRAL, por ejemplo, y un inusitado interés por la palabra MOOC, acompañado por un sorprendente desconocimiento de su contexto e historia. Cuando miro hacia atrás, no puedo evitar notar la animosidad que hay en mi presentación, en donde hablo con algo de rabia acerca de la forma en la que el término fue secuestrado y, en buena medida, alterado. Una pelea perdida.

El interés local me llevó a estar como invitado, primero, en un panel regional organizado por ACOFI (la Asociación Colombiana de Facultades de Ingeniería) y, luego, en el Foro Mundial de Educación en Ingeniería, también organizado por ACOFI para la Federación Internacional de Sociedades de Educación en Ingeniería (IFEES). ¿La gran duda? Cómo hacemos para subirnos rápido al tren de los MOOC. Esta pregunta se avivó también por causa de eventos como el que fue organizado en Miami y en donde cada representante de una Universidad pagaba algunos miles de dólares por escuchar hablar acerca de cursos ABIERTOS. Ni hablar del contrasentido.

A lo largo del año pude escuchar en vivo en Denver a Daphne Koller (y sorprenderme con ello) y escuchar de primera mano relatos de docentes asistentes a agresivas reuniones de negocios en donde Coursera planteaba su visión, sugiriendo que el interés principal no es el pedagógico sino, como buen startup, el modelo de negocio que genere rentabilidad. También estuve en contacto con visiones menos comerciales y más académicas, como la de Jennifer de Boer, de MIT, quien hablaba principalmente de los resultados de algunas investigaciones realizadas sobre los primeros cursos ofrecidos por MITx y Harvardx.

Para completar, a lo largo de estos meses pude ver como la palabra MOOC se convirtió en el nuevo término de moda. Pude ver cómo todo tipo de personas (desde académicos hasta vendedores) encontraron en esa palabra una notable fuente de sustento y de visibilidad. Incluso cuando no tenían muy claro de qué estaban hablando. Hace unas semanas el término apareció de nuevo, por una consulta que terminó generando un post.

Pero no sólo eso, sino que me puso a reflexionar de nuevo. ¿Tiene sentido seguir tratando de que otros tengan mayor claridad respecto al espíritu que estaba detrás de esa palabra? Hoy lo veo como pelea perdida. Hoy, prefiero decir que lo que hago, y lo que quiero hacer, no son MOOC. Quiero seguir trabajando en experiencias de aprendizaje abierto, explorando prácticas educativas abiertas y buscando espacios para seguir promoviendo la reflexión sobre el aprendizaje personal y sobre el papel y potencial de apoyo al aprendizaje que tiene la tecnología de la que disponemos actualmente.

Hoy, prefiero decirle adiós a los MOOC. Que tengan una buena vida y, ojalá, que evolucionen hacia formas de aprendizaje menos centralizadas y más generativas. Sin duda seguiremos encontrándonos con ellos pero, mientras tanto, es hora de avanzar a nuevos experimentos, que nos ayuden a creer que otros mundos, menos corporativos, son posibles.

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