NTFPP09: Educar en una sociedad en transformación, Gustavo Fabián Iaies (Argentina)

En los últimos años venimos percibiendo una sensación de que algo dejó de funcionar. Modelos de autoridad, disciplina, funcionamiento de escuelas. Hay fuertes diferencias entre la escuela que vivimos nosotros y la que vivimos hoy.

Qué cambió? No terminamos de estar convencidos de que lo que hacemos está bien. A veces nos falta convicción para enfrentar al trabajo que hacemos.

La presentación va a reconstruir algunas certezas, que ya teníamos y que necesitamos recuperar para poder trabajar.

Diversas crisis

Para qué educábamos hace 25 años?: Para garantizar a los chicos un futuro, para que fuesen buenos padres y madres, para que fuesen adultos responsables, personas que desarrollen una profesión, para que fuesen libres y creativos.

Lo que ha entrado en crisis son muchas de estas ideas de para qué estábamos educando.

Para empezar, garantizar un futuro. Vivimos en una sociedad en donde la libertad es el valor predominante. Pero esto hace que reine la idea de precariedad. Todo puede cambiar. Se han abierto los abanicos de posibilidades, y la sensación es que es más difícil vivir con otros, porque son mucho menos previsibles (debido a su libertad). Alta incertidumbre y cambios a lo largo de la vida. Todos tomamos decisiones todo el tiempo, con toda libertad.

Se han multiplicado los modelos de familia. En Buenos Aires, 1/3 de los niños vive con su madre y padre original. La imagen de familia de los libros de texto cambia radicalmente. Necesitamos una fuerte reconstrucción de estos conceptos.

El problema de una sociedad donde todos decidimos sobre todo, todo el tiempo, es que se vuelve muy precaria. Piensa en el presente y no en el mediano o largo plazo. Lo que entró en crisis es la idea de que vamos a poder garantizar algo a los chicos.

Un título no garantiza nada ahora. La educación no garantiza un futuro. Tal vez podría garantizar herramientas para el futuro, pero no una posición económica o social.

Otra más: La idea de ser buenos padres y madres. Qué es una buena madre hoy? Cómo se juntan buen padre y persona realizada? Cuál es el renunciamiento que eso implica?

Lo que entra en crisis son las convicciones de lo que es una buena madre. Las prioridades de las sociedades van cambiando.

El divorcio y las familias ensambladas hacen malos padres? El que no arma una familia fracasa?

Un buen padre es duro y controla, o es libre y permite? Provee? Una buena madre renuncia?

Historias sobre madres y padres... Balance entre la individualidad y la responsabilidad social. Es necesario recuperar algún punto en el medio, entre el sacrificio del logro individual y los chicos como prioridad.

Nos encontramos en general con padres que están en pelea con sus propios padres. (Vaya, una consecuencia inesperada de la extensión de edad provocada por la medicina).

Otra más: Adultos responsables. Ser adulto, ahora, es opuesto a ser joven. Los adultos ahora no dan un paso al lado, para permitir que los jóvenes entren en escena. Entra en crisis la idea de qué es un adulto. Esperamos además que otro se encargue de las cosas. Es preferible que “el malo”, el encargado de poner las normas y reglas, sea otro.

Pero alguien tiene que asumir el papel de adulto. Una sociedad en la que todos jugamos a ser jóvenes es muy complicada.

Así que ya no educamos para ser adultos…

Otra mas: Una profesión.

Seneth y la incertidumbre. Entra en crisis la idea de que ciertas profesiones nos permiten un lugar mejor en la sociedad.

Habla sobre un trabajo con directores de RH: “¿Qué buscan cuando contratan? Buenas personas. Gente que diga la verdad, etc. ¿Y no miran la profesión? No, nos da lo mismo”. Esto rompe el modelo de lo que nos imaginamos como un trabajo, una profesión.

No hay trayectorias profesionales tan claras. ¿Soy mi profesión o trabajo de eso? El trabajo flexible y la organización vital.

Profesión vs. Empleo vs. Trabajo… Aprender para toda la vida.

Último: formábamos para que fueran personas libres y creativas.

Hoy hay mucho menos encuadre. Estamos formando en encuadres mucho más blandos, para vivir en sociedades mucho más duras. Formar para ser libre no significa formar sin ningún rigor. Ser libre es poder adecuarse a determinados encuadres y a pesar de ellos poder innovar y pensar en escenarios distintos.

Hemos confundido libertad con hacer lo que se quiere.

Nos imaginamos personas libres y creativas. Abrir los encuadres de la escuela, del trabajo, gestionar que cada estudiante encuentre su camino. Pero hubo algún punto en el que nos equivocamos.

(Necesitamos formar carácter, para tener verdadera autonomía?)

¿Cómo estos cuestionamientos le pegaron al ordenamiento de as escuelas?

Veníamos de un modelo vertical de autoridad, que ha cambiado completamente.

La escuela tiene que transmitir saberes, tiene que enseñar.

Antes había una alianza cercana con la familia. Ahora tenemos tanto una crisis de la familia como de la alianza. Por ejemplo, los padres no logran que los chicos duerman ocho hora al día. No los envían abrigados a la escuela. “Si la mamá perdió la pelea con una niña de cuatro años, no pueden pretender que yo hago algo más”, dice un maestro.

Otra crisis: Antes había un enorme reconocimiento social, ahora hay una crisis de reconocimiento, y de autoridad intelectual…

Todo se discute hoy. La credibilidad de quien entraba al aula y daba clase ha entrado en crisis

(¿cuáles serán las causas de esto? ¿tiene que ver con que se ha hecho más visible cómo se construye el conocimiento, o con un escepticismo ocasionado por nuestro entorno?)

Esperanza de inclusión y movilidad social, versus pérdida de expectativas sociales acerca del progreso..

¿Cómo educamos en crisis?

Revisar la idea de resiliencia (la capacidad de superar crisis y problemas)

Características: Los resilientes tienen un proyecto. Saben a dónde van y pueden articularlo de algún modo. Mientras están cayendo piensan cómo van a salir.

Contención e incertidumbre. Alguien cree en ellos, en sus posibilidades. Necesitamos más credibilidad de parte de los gestores y directivos. El efecto Pigmalión.

La salida de la crisis es no vivir de críticas, sino apostarle a lo positivo.

Por último, los resilientes tienen una historia. ¿Qué me pasó y cómo voy a salir? ¿Hacia dónde? Tenemos que dejar de explicar nuestra realidad en función de lo que otros han hecho, y asumir nuestra propia responsabilidad y capacidad.

No puede ser un maestro individual, tiene que ser un trabajo de equipo.

Lista de recomendaciones:

  • Claridad en el sentido: La escuela está para enseñar, tiene que enseñar.
  • Capacidad de reflexionar, pero de dar certidumbre: La escuela tiene que tener parámetros claros de ordenamiento.
  • Con una alianza de los adultos: Padres y maestro trabajan en la construcción de un acuerdo, que implementan y evalúan.
  • Las normas no se personalizan: Los chicos tiene que percibir normas más allá de ellos.
  • Cuidado con la idea de actualización a través de un experto externo.
  • La actualización son respuestas a preguntas que nadie se hizo antes.

No tenemos derecho de no volvernos a creer nuestro rol como formadores. Las reflexiones son importantes, pero no pueden dejar de lado el sentido.

Esta fue una conferencia muy interesante y muy bien presentada. Como en cualquier caso, hay ideas entre líneas que sugieren una preocupación grande por la conservación de lo que ya teníamos, con apertura hacia el cambio que está en curso. Ahora, hay un problema aquí... Nuestros chicos pueden ver el estado del mundo que los adultos hemos construido. Y no está bien. Qué credibilidad tenemos como adultos, cuando vemos la sociedad que tenemos a nuestro alrededor? Ahora, sí lo ven, o la sociedad actual es algo que les “ocurre”? Cuándo (y si lo hacemos, cómo) nos volvemos conscientes de tales cosas?

Aparece de nuevo la evidente carencia de ritos de paso, que marquen el paso a la adultez. Así que somos siempre jóvenes, por defecto.

¿Existe algo como un camino regular, en oposición a los atajos? ¿Cómo aprender a “respetar la ley” y a la vez descubrir cuando deja de tener sentido?

SIEMPRE hemos tenido cambio. Sólo que ahora parece ser más rápido, y somos más conscientes de ello –medios, investigación-. La historia de la humanidad es una historia de cambio.
¿Qué es lo que estamos tratando de defender? ¿Qué estamos tratando de conservar? ¿Por qué?

Como dice Shirky, toda industria basada en la escasez enfrenta un problema ante la actual facilidad de difusión de información. Pero esto aplica para la educación básica? En dónde se marca el límite? Existe tal límite? Cómo nos volvemos adultos?

Seguimos hablando de la sociedad y del docente del siglo XXI. Sigo pensando que vale la pena mirar más allá, abrir nuestra mirada hacia el futuro que nos gustaría vivir, así no lleguemos a vivirlo. ¿Sería eso un mensaje de esperanza?


Sobre el autor

Soy Diego Leal .

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