No crea nada de lo que lee aquí…

Un montón de cosas que he leído y visto en los últimos días me han dejado pensando acerca de cuál es el lugar (profesional) en el que tanto yo como mi actividad de escritura están situados. Con eso dicho, lo que sigue es un intento de aclarar mis propias ideas al respecto.

De entrada, puedo empezar diciendo que mi actividad de escritura es altamente especulativa. ¿Por qué? Bueno, porque definitivamente muy pocas de las cosas sobre las que escribo son resultados de una actividad personal de investigación. Quiero decir, como cualquier lector podrá darse cuenta, no suelo presentar resultados de investigación de ningún tipo. Al menos, investigación en el sentido formal de la palabra.

Y eso lleva a preguntarse qué tan serio es pretender presentarme como 'investigador'. Definitivamente, mi actividad principal no es la elaboración de hipótesis y su verificación (o no) mediante experimentos/pruebas/estudios. Pero uno podría argumentar que tal tipo de investigación es propio de las ciencias, y que hay otros tipos de investigación...

Por ejemplo, un investigador podría dedicarse a revisiones de literatura. Aunque en tal caso, posiblemente su tarjeta de presentación no debería decir 'investigador'. Pero, si a eso vamos, tampoco me dedico a revisiones de literatura. Lo que hago es un poco distinto. Al igual que muchas otras personas, estoy pendiente de diversas fuentes de información, y ocasionalmente hablo sobre ellas. En general, lo que más hago es click para agregar elementos a mi página de items compartidos de Google Reader, o a mi del.icio.us. Así que tampoco clasifico como "revisor de literatura".

¿Qué define a un investigador, entonces? (Y de hecho, ¿por qué me gustaría ser uno?) Recuerdo hace algún tiempo haber escuchado en una reunión a Alexis de Greiff (por quien tengo bastante respeto, además), mencionar que alguien que no esté al día en lo que está ocurriendo en su área y que no haga parte de una comunidad académica no puede pretender ser investigador...

Pero, ¿qué significa en realidad "estar al día en mi área"? De hecho, ¿puede alguien estar al día en su área en estos días? Todo lo que escuchamos a menudo sobre explosión de información y reducción de fricción en la transmisión sugiere que es sencillamente imposible "estar al día". De hecho, no sólo por el exceso de información producida, sino por limitaciones mucho más prácticas. Por ejemplo, ¿cuántos de nosotros estamos al día con lo que ocurre en el área del e-Learning en China, Japón, India o Rusia (para no hablar de Brasil, a quien tenemos de vecino)? ¿No será que en estos países en donde se encuentra casi más del 30% de la población del planeta no están ocurriendo infinidad de cosas? Sin duda así es, pero la barrera del idioma hace que muchos de nosotros simplemente no tengamos idea de la producción de tales lugares.

Entonces, parece que podríamos decir con alguna certeza que, en realidad, es imposible estar al día en un área ¿O no? Aunque no consigo pensar en ninguna, es posible que existan muchos campos en los cuales el número de profesionales/académicos es lo bastante bajo (y en consecuencia, la información producida) como para poder estar al día. Así que tal vez sería más seguro decir que la posibilidad de estar al día depende del tema y de la cantidad de practicantes existentes. Tal vez es perfectamente posible estar al día en áreas de punta (de verdadera punta). O tal vez no. El punto es que es resulta muy difícil saberlo.

Y aterrizando, es claro que para el caso de la tecnología o la educación, es esencialmente imposible estar al día, tan sólo por la gran cantidad de información existente. ¿O no? (Sólo para el registro, este es exactamente el tipo de diálogo que sostengo conmigo mismo con alguna frecuencia... ¿O debo decir que a menudo? Como dije, este es un intento de aclarar mis propias ideas)

Alguna persona a quien leía recientemente, mencionaba que su estrategia era tratar de identificar las fuentes reales de los mensajes. ¿En qué sentido? Resulta que mucho de lo que se encuentra en la red es repetición de mensajes ya existentes (esto es muy visible en la sindicación de noticias, por ejemplo, en blogs que actúan como agregadores o incluso en el simple acto de reenvíar un twit).

El problema es que incluso si llegamos a las fuentes, estas pueden ser demasiadas como para ser consultadas. Así que esto tampoco resuelve el asunto. Al final, lo único que parece quedarnos es la necesidad de reconocer que ninguno de nosotros va a poder tener una imagen realmente comprensiva de un problema. Probablemente habrá algunas perspectivas más informadas y sofisticadas que otras, pero en ningún caso podríamos atribuirle a nadie el 'tener la razón'.

Esto es importante porque es una herramienta valiosa para tomar con cautela el consejo de los expertos. De lo anterior se desprende que todo 'experto' tendrá, siempre, apenas una perspectiva de un fenómeno o de un área y, que si pretendemos mantener posiciones críticas, es indispensable que busquemos otras alternativas. En síntesis, el mensaje de fondo parecería ser que, en estos días, no hay expertos (lo cual puede ser un baldado de agua fría para innumerables consultores).

Ahora, esto no significa que la experiencia en un área no permita contar con una perspectiva más informada y sofisticada, como decía antes. Es simplemente una pequeña advertencia de no confiar, per se, en un autoproclamado experto. De no asumir como ciertas las generalizaciones que, de manera deliberada o no, haga sobre su área de estudio. De recordar que lo que hoy nos dice un experto, mañana podría no ser cierto (esto se hizo muy evidente, por ejemplo, cuando empezó la actual crisis del mercado estadounidense. Día a día los analistas expertos realizaban predicciones que resultaban completamente erróneas la mañana siguiente).

Entonces, tal vez lo más que yo podría afirmar es que tengo una perspectiva más o menos informada sobre mi área (educación y tecnología), pero que al mismo tiempo carezco de una infinidad de fundamentos en las dos áreas. En ese sentido, en quienes me apoyo para construir mis opiniones es, en buena medida, en los miembros de la comunidad a la que pertenezco.

Pero este aspecto (la comunidad) también se ha alterado (al menos en mi experiencia) de manera radical en los últimos años. La comunidad profesional a la que pertenezco no es solamente aquella que publica en la revista indexada que leo y en la que de vez en cuando escribo, ni aquella con la que coincido en conferencias u otros eventos. Es completamente desestructurada y está formada por personas de todo el planeta, con quienes mantengo un contacto generalmente débil a través de herramientas como Twitter, Facebook o Google Reader.

En ese sentido, mi comunidad puede ser radicalmente distinta de la de otro profesional en mi área, y por ejemplo, está un tanto desconectada de la práctica específica de una institución educativa. Eso significa que las opiniones que yo pueda emitir acerca de lo que ocurre (o debería ocurrir) en una institución educativa, por ejemplo, deberían ser tomadas con cautela, pues no hacen parte de mi realidad inmediata.

Así las cosas, parece inevitable reconocer que todo lo que hago es compilar ideas de otros, comprenderlas desde mis propias posiblidades y contribuir con mis interpretaciones sobre las ideas de otros en el marco de mi práctica profesional.

¿Eso significa que nada de lo que digo tiene sentido? Esa es una pregunta complicada, que tal vez requiere un análisis de cuál es el lugar desde el que emito mis opiniones.

Así que que claro que lo que publico aquí son, esencialmente, opiniones. Pero esas opiniones provienen de un convencimiento (tal vez podríamos decir, una creencia) acerca de ciertas cosas. Lo curioso es que cuando empiezo a pensar en cuáles son esas cosas, termino por encontrar que terminan tocando aspectos esencialmente filosóficos (que, a pesar de su complejidad, no dejan de ser opiniones), que ocasionan una comprensión política, social y económica específica (así yo no tenga claridad total sobre cuál es esa comprensión).

Bastante enredado. De cualquier modo, es claro que la razón por las cuales a veces sirvo como "caja de resonancia" de las ideas de otros, es porque de manera intuitiva siento/percibo que tienen sentido para mi. Porque, de alguna manera, mis patrones neuronales corresponden con los de esas otras personas.

Lo interesante es que eso no significa que yo tenga la razón, ni que mis propias ideas/opiniones tengan que ser las de los demás, o tengan sentido para todo un sistema, institución o sociedad. En principio porque, de hecho, nadie tiene la razón.

Entonces, ¿por qué escribo lo que escribo, digo lo que digo, o traduzco lo que traduzco? Porque creo (si, efectivamente, sin ninguna prueba empírica) que tiene sentido. Porque veo mi historia personal y pienso que algunos elementos de ella podrían ser útiles para empoderar a otras personas, para transformar de manera positiva sus vidas y su entorno. Pero eso no significa que lo que digo sea 'verdad' de manera intrínseca. Porque no existe tal cosa como la 'verdad'.

Tal vez para algunas personas (en función de sus propios patrones neuronales) lo que hago tiene sentido, y si es asi, fantástico. Pero lo cierto es que no estoy trabajando para convencer a nadie de nada, pues yo mismo estoy en proceso de convencerme a mí mismo.

El problema es que tal actitud tiene un impacto importante sobre la manera en la que se actúa en una situación específica. ¿Es posible actuar de manera realmente ecuánime y objetiva? Pareciera que no, por lo que uno termina sintiendo una gran responsabilidad sobre las cosas que propone.

Y tal vez por eso es que he terminado por acercarme más a temas de carácter filosófico (sin pretender ser filósofo), pues si tenemos claridad sobre los fines de fondo que perseguimos, es posible que aumente la probabilidad de tomar decisiones adecuadas. Pero eso no significa que el proceso sea más sencillo, pues en cualquier situación intervienen multitud de variables y perspectivas que a veces resulta difícil tomar en cuenta.

Me pregunto si esa es la razón por la cual la democracia representativa parece no funcionar (al menos, desde mi comprensión). Porque nunca podrá tomar en cuenta todas las perspectivas existentes. Porque tales perspectivas probablemente ni siquiera tienen voz en el sistema.

Pero esa es otra historia. De momento, lo que resulta claro es que la evidencia de mi práctica profesional consiste, en general, en opiniones respecto a cómo podría funcionar la educación. Pero no pasan de ser eso. Opiniones que no buscan convencer a nadie de nada, sino simplemente hacer parte de la conversación respecto a lo que significa existir y hacer parte de este peculiar período histórico que nos correspondió vivir. Respecto a lo que podríamos llegar a ser, así nunca lo consigamos.

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Sobre el autor

Soy Diego Leal .

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